La hija del Martín


Accésit del XVIII Certamen Literario Antonio Sequeros de Relato Corto sobre la Comarca de la Vega Baja.
( Sólo en parte, está basado en hechos reales ocurridos el invierno de 1916, y fueron publicados en la prensa de la época.)


Aquella larga fila de barracas era el mundo donde su corta existencia, apenas dieciséis años, había transcurrido. 
Siempre lo mismo.      

El día comenzaba para ella cuando los primeros claros apuntaban por oriente, y con ellos, oía a su padre levantarse tosiendo con insistencia, abriendo la puerta de la barraca, y sintiendo a su madre preguntar desde el fondo:
-¿Qué tal día, Martín?
-Bueno, muy bueno. El cielo está estrellado como los ojos de un grillo, ¡Gracias a Dios! 
Y daba siempre gracias porque un día con lluvia era un día perdido, un día sin jornal.
Después Martín cogía su petaca y se liaba ceremoniosamente un cigarrillo que saboreaba con verdadera delicia, para marcharse poco después a la dura faena de la huerta que se alargaba hasta el anochecer.

A ella le quedaba un largo día por delante.
Solía encender el horno de atoba de la puerta para el amasijo del pan, y se encargaba de cortar unos manojos de hierba que mezclaba con paja para la burra, su querida pollina.
Ésta siempre seguía la operación con sus ojazos rebosantes de agradecimiento y las orejas tiesas de impaciencia.
Cuando se acercaba el mediodía echaba a andar casi una hora a donde su padre, el Martín, y esperaba a que éste parase de agramar y se comiese lo caliente que su madre había preparado.
Después, otra hora de regreso, que pasaba mirando al horizonte, hacia la sierra de Crevillente, preguntándose que habría tras aquellas montañas azules.

Una sola vez en su vida, siendo una cría, había tenido ocasión de montar en tren, de viajar, pero fue justo en sentido contrario al de las montañas, en dirección a las playas de Torrevieja, cruzando el puente de hierro que tantas veces pasaba andando con la comida caliente.
Un único día en el que su padre, el Martín, la cogió en brazos y se la llevó hasta donde el agua llegaba a la cintura.
Cómo olvidar aquella sensación, el agradable olor a sal, y especialmente, aquél cariñoso abrazo de su padre, el único que recuerda.
Algunas noches de invierno alrededor de la cocina baja, algún vecino relataba que no muy lejos existían enormes ciudades donde los coches corrían sin caballos que los arrastrasen, donde las gentes vestían extrañas y muy ricas ropas, donde había jardines como los de los cuentos de hadas, donde abundaban los teatros, los soldados, cosas tan extraordinarias como el teléfono o la luz.
En su mente se formó la idea de que ella también podía gozar de tantas maravillas.
Sabía de algunas del pueblo que fueron a servir a la capital, a Alicante, y que ya no volvieron, que hasta se echaron  novios obreros que casi vestían como señoritos y se casaron.

El “Manolo de la viuda”, un vecino que vivía en la misma fila de  barracas la rondaba desde hacía tiempo, y aunque era buena gente, ella no quería acabar como su madre, no quería despertar cada mañana del resto de su vida preguntando:
-¿Qué tal el día? 
Sabiendo que la respuesta en nada iba a cambiar la dura jornada que tendría por delante: coger agua de la acequia, hacer el amasijo del  pan, cortar hierba para la pollina, preparar el perol con la comida para llevarla al tajo donde su esposo…

Aquella noche esperó a que Martín se fumase el cigarrillo de buenas noches y apagase el candil que pendía de un clavo cerca del hornillo, y se aseguró que estaban bien dormidos.
Salió silenciosamente y pasó por el establo para poner por última vez su mano sobre el lomo de la pollina y, a modo de despedida, darle dos pequeñas palmadas un poco más arriba del nacimiento del rabo, donde sabía que le gustaba.
Después emprendió camino a pie por la vía del tren.
Cerca de Albatera dos hombres se cruzaron en su camino, parecían buena gente, y le preguntaron a donde se dirigía.
Después la invitaron a descansar y a tomar algo a una barraca cercana, aún le quedaba un largo viaje hasta Alicante, a lo que ella aceptó inocentemente…

Sus gritos nunca alertaron a nadie, si acaso a un par de amigos más que decidieron unirse a la fiesta.
Dos días después la encontraron perdida cerca de las vías del tren, por donde los manantiales.
Sus padres habían denunciado la desaparición a la Guardia Civil y el juzgado de Dolores se encargó de las debidas diligencias.
Pero ya nada fue igual.
Al volver a su pequeño mundo, lo primero que hizo fue poner su mano sobre el lomo de la pollina y, a modo de bienvenida, darle dos pequeñas palmadas un poco más arriba del nacimiento del rabo, donde sabía que le gustaba.
Antes de meterse en su humilde barraca miró al cercano horizonte, donde la sierra de Crevillente es azul, y se encerró para siempre.


Llegada la primavera, una de aquellas mañanas en la que el cielo amaneció lluvioso y cerrado, el Martín cogió su escopeta de la pared y enfiló por la vía del tren camino de la Sierra de Crevillente.
Aunque solía cazar por el Hondo del cercano Dolores los días sin jornal, ésta vez se dirigió al campo de Albatera, sin su galgo, y lo hizo con la mirada puesta en aquellas cercanas montañas azules, con una clara idea en su cabeza.
Él sí sabía lo que había detrás, y conocía la maldad de la gente.
Le habían tocado tres años en Cuba, un tiempo que siempre quiso olvidar y del que nunca habló, del que nunca contó porqué regresó él y no lo hizo el padre del “Manolo de la viuda” y tantos otros.
Le costaba hablar, le costaba mostrar sus sentimientos.
Nada le hubiese gustado más que decirle a su hija como se sentía por lo que le habían hecho, por el sufrimiento que tuvo que pasar, pero nunca lo hizo.

Al anochecer entró el Martín por la puerta sin ninguna pieza, mal día para la caza, y colgó la escopeta en la pared del dormitorio al tiempo que su mujer le preguntaba: 
-¿Qué tal el día?
-Bueno, muy bueno. Mejor de lo que podía esperar.
Aunque el plato caliente del mediodía estaba en la mesa, el Martín no cenó ni tampoco encendió el cigarrillo de buenas noches. Su mujer le acercó la “safa” de agua tibia, como cada noche, y después de lavarse, se acostó sin hablar.

Nadie se presentó al juicio celebrado algunos meses después, ni siquiera la hija del Martín quiso hacerlo, aunque tampoco nadie denunció la desaparición de los cuatro acusados, seguramente se habrían escapado lejos, muy lejos…

Se cuenta que por el 37, en plena construcción del campo de trabajo cercano a los manantiales, aparecieron unos cuerpos que no pudieron ser identificados.

Los más viejos del Camino aún recuerdan la historia que sus padres les contaban, y juran haberse acercado de niños hasta la vieja barraca para mirar por su pequeña ventana con la morbosa esperanza de verla, pero sin ninguna fortuna.
Cuentan que poco después de morir el Martín, maldito cáñamo, lo hizo su madre, y que ella no fue a ninguno de los entierros.
Que en algún momento, acabada la guerra, la techumbre de caña se vino abajo y que en su interior no encontraron a nadie.
Quien sabe, quizá la hija del Martín cruzó las montañas azules y finalmente pudo cumplir el sueño de saber que había más allá…



Los nuevos canapés de la Iglesia (1796)

Dibujo del proyecto de los bancos aprobado para la Iglesia de San Andrés, fechado en 1796.
(DOCUMENTO INÉDITO)

En 1796 (hace más de dos siglos) el Ayuntamiento solicitaba autorización para acometer ciertas reformas en la Iglesia y, entre otras, me parece interesante la compra que se hizo de dos nuevos bancos:
 “Con motivo de haber estado visitando recientemente el Presbiterio de ésta Iglesia Parroquial, he podido comprobar que por la concurrencia de gentes y muchachos en los días de fiesta y en las noches de Cuaresma que se predica, por no estar cerrado el Presbiterio, se han hecho pedazos algunas piezas de los canapés que posee el Ayuntamiento, cortado el terciopelo y destruidas las fundas de los mismos, y es por ello, que al no estar decentes, como los tienen todos los pueblos, se ejecute la compra de nuevos bancos”.


Se hicieron varios diseños y presupuestos, pero finalmente se aprobó el que acompaño, del maestro tallista Ignacio Castell de ésta Villa, y según éste “se formó de diez palmos de largo, formando al medio de cada respaldo el escudo de Armas de la universidad, fabricándolos en madera de morera seca, trabajados con todo primor, dándoles tinte para que parezcan de nogal, bien bruñidos, con terciopelo carmesí para los asientos y respaldos, y dejándolos concluidos del todo por la cantidad de 130 libras”.

Hasta siempre.

Olimpiada escolar ¿1971?

Porque ya siempre formarás parte de la historia de Almoradí.
Hasta siempre...

El habla de la Comarca (D - E)










Un estupendo "diccionario comparado" editado en junio del 2006 y escrito por don Luís Martínez Rufete.
Se trata de un trabajo muy riguroso, basado en las obras publicadas en toda la comarca sobre el  característico habla de nuestra Vega.






Demontre: Travieso, que no para.
Derrengao: Persona que llega cansada.
Desgalichao: Tener mal aspecto físico.
Despavorío: Asustado. Temor a algo ó a alguien.
Despendolao: Desarreglado, mal vestido.
Destarifao: Que no sabe lo que dice.
Dolor de ijá: Sinónimos de infarto.

El chorrín: Genitales femeninos.
Embelesao: Embobado. Quedarse mirando fijamente algo.
Embolicar: Desordenar, cambiar las cosas de sitio.
Emparramao: Manchado, sucio. Llevar lamparones.
Empavonao: Ponerse rojo de vergüenza.
Empiponao: Borracho, bebido en exceso.
En comedio: En medio.
En un tris: En un momento, en un instante.
Encanarse: Reír o llorar hasta quedarse enganchao.
Encangrenao: Nervioso. Fuera de sus casillas.
Encanijao: De menor estatura que le correspondería.
Enchochao: Estar locamente enamorado.
Enreaor: Liante, que todo lo enreda.
Enroviñao: Oxidado, persona con mal color ó aspecto.
Entreverao: Ni verdes ni maduros.
Esaborío: Sin sabor, que no tiene gracia.
Escagarritarse: Tener mucho miedo.
Esclafar: Aplastar, chafar.
Escullar: Servir la comida.
Esfarar: Resbalar, caerse al suelo.
Esgonsao: Que se ha salido de su sitio. Movido.
Esnuclao: Que se ha roto la cabeza intentando hacer algo.
Espatarragarse: Abrirse de piernas.
Espellejao: Rasguño, que se ha quitado la piel.
Espolsar: Sacudir algo.
Estiba: Capazo de esparto grande.
Estriar: Escoger, elegir.
Estufío: Repeler. Tratar a alguien sin cariño.

El progreso, la felicidad del país...

Juan no puede evitar respirar aliviado cuando aparecen los primeros rayos de luz por la ventana, y aunque sabe que nada va a cambiar, que su mujer no mejorará, al menos le queda la esperanza de tenerla un día más.La maligna enfermedad ya había matado a muchos, sin ir más lejos, ayer vio pasar el carro con cuatro mantas camino del cementerio y la resignación ya empezaba a formar parte de su rutina. El médico ya le advirtió que poco se podía hacer y que lo mejor era avisar al cura.
No pasaba una hora sin que los seis toques de la campana “Andrea” avisaran de una nueva salida del Sacerdote para dar la Extremaunción a otro moribundo. Éste salía portando el Viático, acompañado por el Sacristán que llevaba en una mano un candil y en la otra la campanilla que anunciaba el paso de la pequeña procesión. Durante este recorrido la campanilla sonaba ininterrumpidamente y te avisaba de que la muerte andaba cerca.
Las cosas son así.

Toda la noche la había pasado cogido de la mano de María, hablando sin parar, aunque él sabía que ni siquiera le escuchaba.
No importa. Casi cuarenta años juntos dan para mucho.
Para emocionarse y quererse, para criar hijos, para verlos marchar, para verse solos y discutir por todo, pero también para volver a encontrarse…
Ahora, justo ahora que estaban en esa especie de reencuentro, donde los buenos recuerdos podían con los malos, tuvo que aparecer la maldita epidemia y contagiarla.

El reencuentro se debía, en parte, al pequeño milagro que les tocó vivir apenas unos meses atrás y que ya nunca olvidarían. Del Ayuntamiento les avisaron para que fuesen, que era urgente, y los pusieron frente a un extraño aparato con un cable del que, al poco rato, sonó un timbre que les sobresaltó  y conectó con la voz de su hijo mayor que se encontraba a más de cuatrocientos kilómetros.
No podían creerlo.
La emoción de oír llorar al nieto que aún no conocían por aquél primer teléfono del pueblo les llenó de felicidad.
De esto fue de lo que estuvo toda la noche hablando, del progreso, de cómo aquél pequeño aparato les había traído la voz de su hijo, ahora con su propia familia lejos de aquí, lejos de la maldita epidemia que les estaba matando y que, curiosamente, a él no le afectaba.

Le había  tocado vivir unos años de enormes cambios, de progreso, y ahora caía en la cuenta de que siempre los pasó al lado de María y de sus hijos.
De entre todos nunca olvidaría aquél domingo de mayo de 1884.

Desde bien temprano los escasos kilómetros que separaban el pueblo de la nueva estación se convirtieron en un improvisado paseo con la intención de coger un buen sitio para poder ver la llegada, por primera vez, del gran monstruo de hierro.
Juan y María lo hacían cogidos de la mano de su pequeño Manuel que justo cumplía cinco años.
Pasadas las dos de la tarde llegó el ferrocarril a la estación y cruzó los inmensos arcos  con flores del que colgaron un enorme cartel en el que podía leerse: “HAGA EL PROGRESO LA FELICIDAD DEL PAÍS”.
Bajaron autoridades al grito de vivas y aclamaciones al Rey, al Ministro de Fomento señor Cánovas y al Obispo de Orihuela. En apenas diez minutos, todo el séquito fue despedido camino de Torrevieja al compás de la Marcha Real interpretada por nuestra banda, mientras el pequeño Manuel agitaba uno de los miles de banderines que previamente habían repartido.  
Almoradí conseguía así un significativo salto hacia el progreso y aquella nueva gran vía de comunicación con el resto del mundo, por primera vez, colocaba a nuestro pequeño pueblo en los mapas.
Esto permitió que las fábricas de conservas abriesen mercados, que nuestros vinos pudiesen ser exportados y que muchos encontrasen un trabajo que, a pesar de ser muy duro, suponía una salida de la miseria más absoluta.

Juan siempre se sintió un afortunado.
Hasta hace unos meses estuvo trabajando en la fábrica de conservas de los Hermanos Díez, por la salida del camino de Orihuela, y como lo había hecho de encargado de la hojalata pudo ahorrar un dinero y darle estudios a su hijo mayor, su querido Manuel.
Con aquél tren pudo su Manuel viajar muy lejos, estudiar y encontrar un buen trabajo en la capital. Ahora es uno de los responsables del ferrocarril metropolitano que están construyendo en Madrid, el suburbano, y es el padre del nieto que aún no han podido conocer.

Su otro hijo, el pequeño, no siguió los pasos de Manuel. No quiso estudiar y el pueblo se le quedó pequeño hace mucho tiempo, así que no saben nada de él desde hace varios años, demasiados.
Lo primero que recuerda cuando habla de su pequeño es de la emoción  que sintió cuando, siendo un crío, instalaron el primer tendido eléctrico por el pueblo y llegó uno de aquellos cables hasta su casa.
De nuevo el progreso, el bendito progreso.
Todo el día estuvo encendiendo y apagando la bombilla, invitando a todos sus amigos a “ver” el milagro de la luz, sin poder creerse que por aquél cable pudiese circular la corriente ¿Quién y desde donde la traían?
Otro de aquellos emocionantes momentos volvió a repetirse cuando su jefe, el señor Díez, se compró uno de los primeros coches a motor y estuvo montando a todo el que quiso hacerlo en el patio de la fábrica. Juan fue en busca de su pequeño  porque sabía que volvería a aparecer la misma mirada de emoción que tuvo con la llegada de la luz y que volvería a contagiarse de la misma felicidad. Cómo olvidarlo.

Pero ahora está aquí, en la realidad de una situación muy dura.
Es casi mediodía cuando decide soltarse de la fría mano de María.
Hace varias horas que sabe que ya no está con él, así que tiene que tomar la decisión de avisar al cura y buscar alguna manta con la que envolverla.
Cuando todo acabe, cuando pase el maldito octubre, volverá al Ayuntamiento y llamará por teléfono a su Manuel para contarle lo inevitable.
Ya sabe lo que éste le dirá:
lo siento mucho, tenías que haberme llamado el día que murió,  la pobre…”.
El viaje en tren es muy largo y él es una persona muy ocupada, solo faltan unos meses para la inauguración del suburbano, así que no podrá venir y Juan seguirá sin poder conocer a su nieto.
No importa, esperará con la misma paciencia y esperanza de que también regrese su hijo pequeño.  
Seguro que el progreso, LA FELICIDAD DEL PAÍS, creará muy pronto aeroplanos capaces de transportar a familias enteras hasta aquí en muy poco tiempo.
Hace rato que avisó al cura y que sonaron los seis toques de campana.
Está tranquilo. Sólo le queda esperar a escuchar cómo se acerca el continuo tintineo de la campanilla que, finalmente, se detendrá en su puerta…
(María fue una de las innumerables víctimas de la gripe española de 1918.

Muchos tuvieron la suerte de haber pasado una anterior epidemia que les inmunizó)

La Censura (2ªParte)

Siguiendo con la figura del censor en Almoradí, algo de lo que ya os he hablado aquí, a la larga lista de películas y libros que no cumplían las norma "morales" de la época se unían un sin fin de canciones interpretadas en las obras teatrales y cuyo "doble significado" ponía en un continuo aprieto a la Dirección General de Cinematografía.
Era del todo inperdonable lo de que
"mi novio me pide una cosa que yo le puedo dar.
Yo le he dicho que esa cosa tan pronto no puedo dar,
pues se enseñaría al dicho de ¡dámela! ¡dámela!"
 Pinchar sobre el documento para leer las letras de las canciones:

Se acerca La Lotería

Ya os hablé del Gordo de Navidad con el número 60076 aquí, pero seguro que muchos no sabéis que hubo un tercer premio en el 2004, y que también fue vendido por nuestro amigo Mariano


Almoradidenses en Mauthausen

Liberación de los prisioneros por las tropas aliadas el 5 de mayo de 1945

En los últimos meses de nuestra guerra civil, casi medio millón de republicanos cruzaron la frontera de Francia, tras la caída de Cataluña. Fueron internados en campos de concentración por todo el sur del país. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial muchos de ellos fueron enviados al frente con uniforme francés en las filas de la Legión Extranjera ó como miembros de las compañías de trabajadores extranjeros. La mayor parte de estos acabaron capturados por los alemanes. Entre 1940 y 1945 se encerraron en campos de concentración alemanes a cerca de 15.000 españoles. Alrededor de 7.300 fueron a parar a Mauthausen, en Austria, muy ceca de la ciudad de Linz.
En 1941 representaban el 60 por 100 de sus presos, y por esta razón era conocido como “el campo de los españoles”. Requerido por las autoridades alemanas para determinar el destino de los prisioneros, el gobierno de Franco no los reconoció como españoles, y de ahí que los republicanos llevaran el triangulo azul de “apátridas” con una “S” – de spanier- en el centro. En torno a 4800 españoles murieron allí, y unos 2400 resistieron hasta el final de la guerra, entre ellos, dos almoradidenses que fueron liberados el 5 de mayo de 1945.
Manuel Mirete Andrés (nacido el 21-11-1918) deportado el 27 de enero de 1941, y Miguel Ruiz García (nacido el 18-11-1913) deportado el 25 de enero de 1941, son los dos vecinos de nuestro pueblo que lograron sobrevivir a Mauthausen. Sus nombres y lugar de nacimiento aparecen en la relación de liberados el día 5 de mayo y publicados en el “LIBRO MEMORIAL Españoles deportados a los campos nazis (1940-1945)” editado en el 2006 por el Ministerio de Cultura, resultado de una investigación de Benito Bermejo y Sandra Checa.
Mucho se ha escrito sobre este campo de exterminio, pero si alguien quiere tener más conocimiento de esta terrible historia, visitar:

Porque el saber no ocupa lugar…


EN NUESTRA VEGA:

NO SE DICEN TONTERIAS: SE DICEN CHUMINÁ
NO SE DA UNA GUANTADA: SE DA UN GETASO
NO TE ABRES DE PIERNAS: TE ESPATARRAGAS
NO HACES LAS PACES CON UN AMIGO: LE AJUNTAS
NO HAY GARRAPATAS: HAY CAPARRAS
NO TE DISTRAES: TE ENJUASCAS
NO ESTAS ESCOCIDO: ESTAS ESCALDUFAO
NO TE RESBALAS: TE FARAS
NO SE DAN PALIZAS: SOMANTA A PALOS.
NO TE DAS GOLPES EN LA CABEZA: TE ESNUCLAS
NO TE DAS UN GOLPE: TE DAS UN INJONASO
NO ERES INGENUO: ERES UN INFELÍS
NO SE ES VAGO: SE ES MAGANTO
NO HAY POCO: HAY MIAJICAS
NO HAY PENES: HAY MINICAS O PILILAS
NO HAY GENTE CALLADA: HAY MINSOS
NO HAY CURIOSOS: HAY SOPONES
NO HAY ESTUPIDOS: HAY MOSTRENCOS
NO SE FISGONEA: SE OLISQUEA
NO SE ES TRANQUILO: SE TIENE PACHORRA
NO SE ES MAL HABLADO: SE ES RABALOCHERO
NO SE ESTA GORDO: SE ESTA HECHO UN TRULLO O TRONAO
NO ESTA MUY LEJOS: ESTA AYA CA DIOS
NO SE HACEN LAS COSAS A DREDE: SE HACEN A CASICO HECHO
NO HAY COSAS ABUNDANTES: HAY A CAPASOS
NO HAY COLUMPIOS: HAY ANGRUNSAERAS
NO SE ES BIZCO: SE ES BISUEJO
NO SE ES LLORON: SE ES UN BREBA
NO SE DAN CACHETES: SE DAN CALBOTASOS
NO SE ES PELMA: SE ES CANCANERO
NO TE ATRAGANTAS: SE TE VA POR LO VEDAO.
NO SE DAN GOLPES: SE DAN CHINCHARRASOS
NO SE TIENE PENE: SE TIENE CHORRA
NO SE INCITA A ALGO: SE ENGUISCA
NO SE CONTESTA BRUSCO: SE DAN ESTUFIOS
NO SE ES MOLESTO: SE ES FOLLONERO
NO TE DAS UN GOLPAZO: TE DAS UN OSTIASO
NO SE ES TOCON: SE ES MANIFASERO
NO SE ES UN JOVEN: SE ES UN SAGAL.
NO SE TIENEN MOCOS: SE TIENEN MOCARRERAS
NO SE HACE EL GANSO: SE MONEA
NO TE CAES: TE DAS UN BATACASO
NO SE TIENE VAGINA: SE TIENE PICHIN
NO SE INCORDIA: SE DA PORCULO
NO DICEN INSULTOS: SE DICE MAS QUE PRINGUE SORRA
NO SE ES PARLANCHIN: SE ES ROMANSERO
NO SE ES POCO HABLADOR: SE ES SAMORDO
NO SE ES TORPE: SE ES SANGUANGO
NO SE ES NECIO: SE ES SEPORRO
NO SE ES INCORDIANTE: SE ES SISAÑERO
NO ERES UNA FURCIA: ERES UNA TIA PUTA
NO SE COMEN PALOMITAS: SE COMEN TOSTONES
NO HAY MUCHAS CHICAS: HAY UN TAJO DE PAYAS
NO SE ES UN CHULO: SE ES UN VOSERAS
NO TE TIRAS PEDOS: TE TIRAS FOLLONASOS

Podéis añadir...

Gracias, Inma.

El crimen de "La Garrofera"

INFORMACION 3 de agosto 1994
En la urbanización conocida como "La Cañada Larga", entre los términos de Almoradí y Benijofar (la vivienda era término de Almoradí, en la finca conocida como "La Garrofera"), se cometió el 2 de agosto de 1994 éste crimen que seguro todos recordamos. Finalmente el hijo se declaró culpable de los asesinatos.(Pinchando sobre el artículo podréis verlo en grande)
(Gracias, Alberto.)

Sucesos de Almoradí (1800-1950)

                 Cuatro minutos con la presentación de "Sucesos de Almoradí"

                

Por sus obras les conoceréis (3ª Parte)




Manuel Valdés Ibáñez



Fue Alcalde de nuestra localidad desde
el 6 de octubre de 1955 hasta el 11
de octubre de 1966, siendo el que más
tiempo ha estado en el cargo, nada menos
que once años.
Las entrevistas fueron publicadas en un periódico quincenal de la Organización
Sindical Alicantina, llamado “Así”.
La primera está realizada el 31 de julio
del 62 y la segunda el 18 de julio del
año 1966.

                                             Pincha sobre los artículos para verlos en grande

La afición al Ciclismo en Almoradí

Ahora que el ciclismo se ha convertido en todo un deporte de masas, y no es un tópico, ya que basta con darse una vuelta cualquier fin de semana por las carreteras de nuestra comarca, es un buen momento para conocer el origen de dicha afición en nuestra localidad.

Buscando información sobre el origen de éste deporte en Almoradí, me encuentro con que apenas existe documentación, y de que el Club Ciclista existe, escasamente, desde el año 1991. 
El primer “gran acontecimiento” deportivo ciclista se llevó a cabo el 5 de diciembre de 1950 en el Estadio Sadrián. Si, lo he dicho bien, en el campo de fútbol.
Participaron grandes figuras de la época: Luis Navarro y Sánchez Belando, ambos participantes en la Vuelta a España; Francisco Miralles, campeón del Frente de Juventudes del año 48, y especialmente, Bernardo Ruiz, Campeón de España en el año 48.
Este gran corredor oriolano logró subir al podium del Tour de Francia dos años después, siendo tercero.
Ese mismo año, el 22 de octubre, se celebró también, con motivo de las fiestas de la Virgen del Perpetuo Socorro, una gran carrera ciclista en la que participaron varios corredores de la Vuelta Ciclista a España.

Foto histórica con los tres ganadores del Tour de 1952 (el primero por la izquierda es Bernardo Ruíz) 
 
Pero la afición a éste deporte viene de mucho más atrás. Junto con el fútbol, siempre a sido uno de los principales actos deportivos a celebrar en las más importantes Fiestas. La primera referencia que encuentro aparece en la Feria del año 1928 (hace más de 80 años). El dia 30 de julio, a las seis de la tarde, se celebró la “Gran Carrera de Bicicletas”.

En el año 35 se celebró, también en la Feria, carrera ciclista para niños de 6 a 12 años.
Acabada la guerra volvió a retomarse la afición, y el 28 de julio del 39, se celebró una gran prueba de 24 km., en la que participaron afamados “amateurs” de la provincia.
No sólo en la Feria se realizaron pruebas ciclistas. Cómo ya he nombrado anteriormente, por la Virgen ó San Andrés también se organizaron. El 6 de octubre de 1940, con motivo de las fiestas del Santísimo Cristo de las Campanas , fue organizada una gran carrera por "Educación y Descanso", y con premios en metalico de 25, 15 y 5 Pts. a los tres primeros vencedores (casi nada).
1940
1950

D.E.P. Estación de San Isidro

                        

Ayer pasé por el pequeño pueblo de San Isidro y me llevé la sorpresa de ver en el suelo la “vieja” estación de Albatera-Torrevieja. Era casi el único rastro que quedaba en la comarca del ramal ferroviario que un día unió nuestra localidad con el resto del mundo, algo que ya conté aquí .
Y sentí rabia por lo que, en nombre del progreso y el maldito AVE, se ha hecho con una infraestructura que cambió nuestro modo de vida. Hay que ponerse en el lugar de nuestros antepasados para darnos cuenta de que, hasta la llegada del tren, el único medio de transporte era el coche de caballos. Lo que significó para nuestras empresas de conservas, de cáñamo, de vinos… En realidad, fue el despegue comercial de toda la Vega.

En silencio, primero fue el puente de hierro de Las Heredades, después la estación de Almoradí-Dolores, más tarde se arrancaron las vías, y ahora le ha tocado a San Isidro.
Sí, seguro que harán una estación más moderna, un edificio “inteligente”, y veremos pasar un tren a “nosecuantos”  kilómetros por hora…Pero si dependiese de mí, la vieja estación continuaría en el mismo lugar.

El núcleo urbano de Larramendi

Recientemente ha aparecido publicado en la página del Ayuntamiento la versión preliminar del Plan General de Ordenación Urbana. Me ha llamado la atención encontrarme  dentro del catálogo de Bienes del Patrimonio Cultural el trazado ó núcleo urbano original diseñado por Larramendi, y delimitado por los cuatro Ejidos (algo que expliqué aquí).
Aunque la iniciativa me parece positiva ( ignoro su valor práctico), creo que no hubiese estado de más incluir las casas que quedan dentro del perímetro, como ya comenté en mi primer artículo de éste blog y también en el que titulé "tras las huellas de Larramendi".
Bajo un nivel de protección 3 (ignoro la escala), se indica que "deberá mantener los elementos definitorios de la estructura arquitectónica ó espacial del núcleo urbano".
Ésta es la ficha aparecida en el Plan General:

I Semana Cine de Autor

 

Novecento, una de las peliculas de la Semana de Cine

Sociedad Deportiva y Cultural

Fotos de 1971 ¿?(¿torneo de empresas?)


De  izquierda a derecha (salvo errores):
  Juan Miguel Valdes, El Nolo, El Bomba, Andres Oliver, Selfa, Hernandez, Gabino, y Follanica. Abajo, El Palomo, Tono el estanquero, Ramon el Camarroja, El Rubio de Rafal, Vicente Chapapria, Pepito Gil, y Manolete.
 

de izquierda a derecha: Andres Oliver, Victor Rodriguez(médico), Hernandez, Jose Luis Mira y Andres Eugenio(Policias), Miguel Caravaca, Antonio Hernandez(Facundo), y el niño Jose Antonio Monge(hijo del Monge el de la fábrica de embutidos). 
(pinchar sobre ellas para verlas en grande)
Gracias a Víctor y Fermín

Ordenanzas Municipales de 1889 (1ªParte)


Existen unas ordenanzas municipales, fáciles de consultar desde la página Web del Ayuntamiento, y publicadas en el 2007. En ellas se regulan tasas, infracciones, sanciones é infinidad de normas sobre el normal desarrollo de nuestra vida en Almoradí.

No es que quiera recomendar su lectura, aunque no está mal echarles un vistazo, pero sí compararlas con unas ordenanzas aprobadas en el Pleno del Ayuntamiento del, nada menos, 17 de febrero de 1889.
Este documento nos permite hacernos la idea de cómo era nuestro pueblo, ó al menos, sus costumbres, hace ciento veinte años.
Éste es un primer ejemplo:

Salubridad-Capitulo 1º
Limpieza de calles y salubridad de las habitaciones
Se recomienda a los vecinos que barran en verano la parte de calle que les corresponde hasta la mitad del arroyo, rociándolas después con aguas limpias.
Nadie podrá arrojar a las calles animales muertos, aguas sucias ó otros objetos que repugnen a los transeúntes.
Se prohíbe a cualquier persona que se ensucie ú orine en las calles.
Se prohíbe la estancia de piaras de cerdos dentro de la población, a fin de evitar el mal olor y las inmundicias de éstos animales. Excepto los sábados, día de mercado.
La habitación donde muera un enfermo contagioso se picará y blanqueará por cuenta de sus dueños, regándose con desinfectante.
Las ropas usadas por el fallecido y demás objeto que pudieran transmitir el contagio se desinfectaran con disoluciones de cloruro ó por otros medios.
Se recomienda a todos los vecinos el mayor aseo y limpieza de sus habitaciones, evitando perniciosos olores é insalubridad.