Familia Gutiérrez "Los Toneca"


Preciosos retratos de estudio de la familia Gutiérrez "Los Toneca" en los años veinte.
Disfrutar de ellas porque son una verdadera joya.
Me quedo con la  mirada de los niños, especialmente en la fotografía de abajo (publicada también en "Memoria Gráfica").

Barraca Peña Huertana 2011

Desde el domingo 24 al 27 de julio (horario de 12 a 14 y de 19 a 22) podrá visitarse la barraca de la Peña Huertana. Como novedad, podréis ver a gran formato, parte de la colección del legado fotográfico de Juan Viudes que he incluido en el libro "Sucesos de Almoradí". Como sabéis, se trata de las imágenes más antiguas de toda la comarca, y muestran fielmente como era nuestro pueblo y su huerta a finales del siglo XIX.




En la Feria (junto Hospital)




Diferentes pruebas tradicionales realizadas en los años 50 junto al antiguo Hospital.

El origen de la Música en Almoradí (2ªParte)

Antes de que surgieran las primeras bandas de música de carácter moderno, es decir, como las conocemos actualmente, existían conjuntos de viento municipales y principalmente, eclesiásticos.
Estos pequeños grupos de música ya acompañaban en el siglo XVII a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario por las calles de nuestro pueblo los domingos de madrugada para cantar la aurora, y en diferentes festividades religiosas.

Con motivo de las fiestas celebradas en el Convento de San Francisco de Paula por la bendición de su Iglesia, en 1748, se celebró una solemne procesión por las principales calles, acompañada del compás de “sonoros instrumentos y suaves voces”.
En febrero de 1790 el Ayuntamiento paga por “la contratación por la música de proclamación del Rey Carlos IV” a don Josef Moñino 50 libras “moneda del Reino”.


Sin embargo, no es hasta mediados del XIX cuando aparece por primera vez una referencia clara a la existencia de una “banda de música en la localidad”.
Del 21 al 23 de febrero de 1852, y con motivo de las Fiestas Reales, algo muy habitual entonces, por el feliz alumbramiento de la Reina Isabel II que tuvo a la Princesa de Asturias Isabel de Borbón, conocida como “La Chata”, el director de la música, Vicente Grech, recibía del Ayuntamiento 690 reales de vellón por los tres días festivos.  Aquél mismo año, la banda es contratada además para las festividades del Corpus y San Andrés. 
Ni siquiera existía alumbrado público, los primeros faroles de aceite se instalaron en 1854, por lo que la banda tenía que desfilar con antorchas, a la vez que se iluminaba con ellas la Casa Consistorial é Iglesia.

Sin duda, los aires de modernidad de la época, trajeron a toda la comarca la creación de éstas bandas, que comenzaron usando los uniformes é instrumentales de las bandas militares.
En el caso de Catral se constituyó el primer conjunto musical estable de viento y percusión alrededor de 1850, es decir, por la misma fecha de la de Almoradí, y estaba formada por unas 20 personas. Por cierto, que ésta banda ya fue contratada por nuestro Ayuntamiento para la festividad de San Andrés de 1860. Por ello se pagaron 40 reales de vellón “para llevar y traer en dos carros a los músicos del vecino pueblo de Catral”. 

“Como director de la música de ésta villa, he recibido del depositario de éste Ayuntamiento por mano del Síndico del mismo la cantidad de 690 reales de vellón por la asistencia que hizo ésta, no sólo en los tres días de las Fiestas Reales, sino que también en los bandos públicos con presencia del Ayuntamiento y personas más notables, al recibirse las faustas noticias del nacimiento de la princesa de Asturias y felíz restablecimiento de la herida causada en la real persona de S.M. y tadeum cantado”.  
Almoradí 2 de mayo de 1852.
Firmado Vicente Grech


Moros y Cristianos (3)

Primera Asamblea Caballeros del Cid
Otra fiesta en Almoradí



Parece que la fiesta de Moros y Cristianos se ha “puesto de moda”. Una fiesta, eminentemente popular, de hondo arraigo en el norte de la provincia de Alicante (Alcoy, Villena, Villajoyosa ó Biar), va calando poco a poco en el sur (Crevillente, Orihuela ó Albatera) y llega al mismo corazón de la Vega Baja. Y es que razones tenemos; todo aquí hunde sus raíces en la historia de la España islámica: la acequia, la noria, el agua y el azahar, la vega misma, son musulmanas.
Almoradí va a sumarse a este homenaje histórico y festero porque el pueblo así lo quiere. Y bailará como nadie al compás de las marchas porque lo lleva en la sangre, en la personalidad, en el mismo nombre de la villa.
Pero, ¿se une Almoradí a la fiesta de una manera anodina, por simple mimetismo? Desde aquí quiero hacer conocer a todos de que no, de que lo hace con la frente alta porque tenemos nuestra tradición, tradición que quizás no sea pura historia, pero que es leyenda. Y leyenda bella, poética, puede ser la base de nuestra fiesta: En el año 1263, el rey de Aragón Jaime I El Conquistador tiene que volver a reconquistar la zona de la Vega Baja del Segura, ya reconquistada anteriormente en torno a 1240, debido a que hubo una rebelión morisca de gran importancia en ésta comarca. Y la leyenda popular que recoge Montesinos en su trabajo histórico de los pueblos de la Vega, cuenta que el día 29 de noviembre de aquel año estaba acampado el ejército cristiano en los alrededores de la villa, la cual ofrecía seria resistencia armada. Unas aspas doradas aparecieron en la noche sobre la mezquita islámica, situada donde hoy la Iglesia Parroquial, señal de que el triunfo cristiano se daría al día siguiente, día de San Andrés, como así fue. Almoradí fue reconquistada el 30 de noviembre de 1263 según ésta leyenda.
Aquí está la causa de que tengamos a San Andrés por Patrón, de que la parroquia esté a él dedicada, de que en nuestro escudo aparezca la cruz del Santo Apóstol.
¿Fue verdad ó no? Lo más probable sería que Almoradí fuese entonces una pequeña aldea; que los moriscos quizás vieran pasar a las huestes cristianas sin inmutarse y que luego, sin comprenderlo bien, siguieran regando sus naranjos.
Pero ahí tenemos el punto de partida, la leyenda, ahí está nuestra tradición.
Hagamos ahora nuestras fiestas.
J. Antimo Miravete Gómez
9 de Junio de 1979, en el Concierto Homenaje de la Banda
Unión Musical a la Comparsa Caballeros del Cid.


El origen de la música en Almoradí. (1ªParte)

(Artículo publicado en el libro de Feria 2011)


Los orígenes de la música en nuestra localidad van ligados al nacimiento del propio pueblo.
Ya en 1626 se tiene certeza de la existencia de un Órgano en nuestra Iglesia, el cual fue reemplazado en 1779 por uno construido por Matías Salanova y que, en contra de lo que se pensaba, quedó totalmente destruido por el terremoto.

Sin embargo, tras la finalización de la nueva Iglesia, en 1861, vuelve a encargarse un nuevo Órgano para “esplendor del Templo y culto divino” por parte del Ayuntamiento y “mayores contribuyentes” de la localidad, siendo el que actualmente se conserva en la Iglesia.
El maestro organero de Valencia, Miguel de Alcarria, fue el encargado de su construcción, y éste se finalizó en 1865, por la cantidad de  40.000 Reales de Vellón, constando de cincuenta y un registros.
Muchos de los apellidos que aparecen en la firma de aprobación de su compra también formarían parte, años después, de nuestra Unión Musical: Juan Girona, Plácido Andréu, Vicente Grech…

Éstas fueron las condiciones de pago estipuladas el 19 de febrero de 1864 por la compra del nuevo instrumento entre el factor de órganos, Miguel de Alcarria y nuestro Ayuntamiento:
10.000 reales a la firma de la contrata.
8.000 el día que empieze a colocarlo en la Iglesia.
10.000 cuando esté totalmente colocado y recibido por “persona inteligente”.
6.000 a finales de diciembre del mismo año 1865, y los restantes hasta el total de 40.000 reales el mismo día del siguiente año.

Para hacernos una idea del valor de aquella compra, el sueldo anual de los funcionarios municipales estaba en 1500 reales anuales (ésto cobraba el sereno o el portero), y los sueldos más elevados en 3000 (era el caso del médico titular o el maestro de escuela).
“Carta de pago del último plazo de la adquisición del Órgano que se tiene contratado y se halla
colocado en la Iglesia Parroquial de ésta villa para esplendor del Templo y Culto Divino, aprobado por el Ayuntamiento y duplo de mayores contribuyentes en 17 de febrero de 1864”.
Firmado por el Alcalde el 10 de marzo de 1868
Continuará... 

"Sucesos de Almoradí" en la Web del Ayuntamiento.

José Antonio Latorre ha dado a conocer un nuevo libro sobre la historia de nuestra localidad titulado "Sucesos de Almoradí" en el que ha invertido un tiempo importante para la recopilación de documentos en distintos organismos, desde la Biblioteca Nacional hasta los archivos provinciales. En él encontraremos una visión de los sucesos más importantes durane los últimos doscientos años, desde las epidemias o las guerras hasta los crímenes más sonados que se produjeron en nuestra localidad.
El libro además es un nuevo tributo a la excelente colección fotográfica del Marqués de Rioflorido en el que, como en el libro anterior, se recupera la vida cotidiana de la localidad a finales del siglo XIX con estampas de extraordinario valor histórico y artístico. 

Enlace a la Web con la noticia  aquí

El 18 de Julio

                                         


                                                              Cartel  de la Guerra Civil

Lo que hoy es el inicio del Camino de Catral, mucho antes, cuando la acequia Mayor se cruzaba por un puente, se conocía como la calle del “Puente de la Acequia”.
Sin embargo algunos siempre la hemos conocido como la calle del 18 de julio.
Se mantuvo con ese nombre desde 1940 hasta 1983 .
De lo que aquella fecha representaba, al menos cuando era un niño, poco sabia, solo que era Fiesta (lo fue hasta 1977). Sin embargo mi maestro, Don Javier, se encargó de aleccionarme sobre lo que el “Alzamiento Nacional” representaba.
Hoy, con algunos años más, lo que esa fecha me hace recordar es que fue el inicio de una guerra que nunca tuvo que haber ocurrido. Que también forma parte de nuestra pequeña historia local, y que aun estamos a tiempo de contarla, desde los dos lados, y con el mayor respeto.
Tengo alguna fotografía, algunas historias, y seguro que hay mucha gente que puede aportar algunas más, y creo que es el momento de comenzar....

El Programa de festejos que os traigo, del año 1941,  con motivo del "Dia de la Exaltación del Trabajo" es todo un documento de la época. Vale la pena hechar un vistazo a los actos, que incluyen, "Gran concentración de obreros y patronos" y la obligatoriedad de adornar las fachadas, teniendo en cuenta la magnanímidad del día.

Si tenéis la oportunidad, leer “Almoradí en la memoria”, es un entrañable libro escrito por Antonio Gonzáles Lucas.

Tejidos Manuel González


Anuncio de prensa de los años 30

La tienda en los años 40 actualmente ocupada por la CAM)
El negocio de la venta de tejidos fue fundado en 1880 por mi abuelo. Se abría todos los días de la semana, incluso los domingos, ya que las mujeres de la huerta venían a misa de seis y luego pasaban por la tienda. Durante todo el año compraban los “ajuares de novia” a las hijas: sábanas de pieza, colchas, mantelerías, mantas de algodón y de lana…

En invierno vendíamos mucha pana para pantalones y chaquetas de hombre y también chales y toquillas de punto negro para las mujeres…puesto que pocas podían comprar el tejido de abrigo ya que salía muy cara esta prenda si luego se la tenían que confeccionar. Por Semana Santa se llevaban muchos artículos de seda y crespón negro para vestidos de “Manola”, mantillas blancas y sobre todo, negras. Era costumbre por Pascua que pandillas de jóvenes fuesen a comer la “mona” y se hicieran vestidos para estrenar esos días, pero todos iguales para cada grupo de amigas, cortados de la misma pieza. Cuando llegaba el verano las mujeres querían, sobre todo, sedas estampadas para hacerse vestidos y blusas para poder ir lo más frescas posibles, los cosía la modista y se estrenaban en la Feria.
Al cerrar la tienda se abocaban las monedas de los cajones sobre un lienzo que se ponía encima del mostrador y los empleados que se les suponía muy honrados y leales a la casa, las iban contando; casi todas eran monedas de cinco, diez céntimos y pesetas de plata; luego se hacían envoltorios con papel grueso.

(Extraído de “Almoradí en la memoria” de Antonio González Lucas)

"La Carta" (2º Parte)

RELATO PUBLICADO EN EL LIBRO "SUCESOS DE ALMORADI"
(Inprescindible haber leido la  primera parte)

Fueron unas semanas.
No sé a ciencia cierta cuantas, pero tampoco tiene la mayor importancia. Ya no podía sentarme debajo de la morera sin quitarme de la cabeza que él estaba allí enterrado. Los recuerdos aparecían.
Volvía a verme de niño, arrancando las hojas para mis gusanos de seda, ayudando a mi padre a podarla, contando en su tronco hasta veinte mientras mis hermanas se escondían…
Tenía que contárselo a alguien.
Decidí hablar con mis hermanas, y ellas fueron las que me dijeron que teníamos que hacer algo, que seguro que su familia querría saberlo.
No sé…el caso es que una tarde me presenté en la Sede de la música en Callosa y pregunté si alguien podía darme alguna pista. Tenía su nombre completo y fecha de nacimiento así que no resultó muy difícil conseguir un nombre y una dirección; Carmen “la Sota”, su única hermana, seguía viviendo en la huerta.
No pude meterme con el coche por el camino que llevaba hasta una casa tan vieja como la de mis padres. No parecía que allí viviese nadie, pero al llamar con un “buenos días” una vieja mujer enlutada apareció contestando desde un lateral de la casa donde, a modo de pequeño parterre, cuidaba de unas pocas flores.
Empecé contándole que mi madre había sido novia de su hermano Juan, y que se conocieron en la Feria de Almoradí. Una vez ganada su confianza, entramos a su cocina y nos sentamos en una vieja mesa camilla. No podía parar de hablar, y a pesar de que creía que me costaría contarle la verdad, lo cierto es que, como un gran desahogo, se la conté.
Sólo acertó a llorar, a decirme que su madre lo estuvo esperando durante años. Acompañaba su llanto con un lamento; “Mi Juanín, mi pobre Juanín…”
También en su casa habían recibido una carta diciéndole que lo habían liberado y que muy pronto volvería desde Francia.
Carmen apenas se acordaba de él, tenía diez años cuando se fue a la guerra, y ni siquiera conservaba una fotografía, entonces no era como ahora. Tampoco había conocido a su padre, muerto en la guerra de África unos meses antes de que ella naciera. Siempre estuvo a solas con su madre, soltera y sola. Los novios que se “acercaban” nunca acababan de gustarle. Seguro que cuando su Juanín volviese todo se arreglaría. Pero no volvió, y la espera empezó a convertirse, en cierto modo, en odio. Muchos de los liberados de los campos alemanes prefirieron quedarse en Francia, aquí les esperaban los vencedores, y en muchos casos, la venganza. Vio envejecer a su madre lamentándose de que no volviera su hijo, y ella, cargando con el trabajo de la huerta y los animales…Sí, sin duda, su hermano era el culpable de que a ella acabaran conociéndola por “La Sota”.
Le enseñé la fotografía del Paseo, cogido de la mano de mi madre y me pidió que la llevase donde estaba enterrado.
Decidimos que lo mejor era buscar sus restos y darle sepultura junto a sus padres, así que una excavadora estuvo todo un día buscando, pero nada apareció. Habían pasado sesenta años, pero algún resto debía quedar.

Arranqué hasta la morera, pero nada.
¿Dónde estaba?
Mi obsesión por saber que había pasado me llevó a buscar entre todas las cosas que, en una bolsa de basura, me habían dado en la residencia tras la muerte de mi padre. Una carpeta azul con gomas escondía casi toda su vida resumida en recuerdos de papel. Una foto en la que estábamos toda la familia, una vieja cartilla militar, hasta una tarjeta de racionamiento. Había vivido ochenta y seis años y todo estaba en aquella bolsa de basura, a modo de maleta, sin ningún valor.
Recuerdo que, al poco de morir mamá, le compré por Navidad un libro que se había escrito sobre el habla de la comarca. Le gustaba leerlo, y reconocerse en muchas de las palabras y dichos que él siempre utilizaba. Ese año siempre lo llevaba encima y le gustaba bromear, entonces tenia aún la cabeza y las piernas “buenas”, y siempre tenía la frase pensada.
Ahora, era yo el que lo tenía lo tenía entre mis manos, y al pasar las hojas, buscando frases que él tenía subrayadas, me encontré con una palabra que me llamó la atención; “Sota”: mujer no muy agraciada, antipática y de mal carácter.
Encontré una cuartilla doblada y escrita por los dos lados entre las páginas de aquél libro.

“Ahora que te lo he contado han vuelto a aparecer mis pesadillas, y como te conozco, sé que empiezan las tuyas. No te lo conté todo. Me faltó decirte que a partir de aquél día no pude dormir, que ver a tu madre sentada bajo la morera llorando cada día del resto de su vida, con aquella maldita carta, no podía soportarlo.
La noche que estuvisteis velándola en casa, acuérdate que me preguntasteis donde me había metido, estuve en la huerta, pero cavando para sacarlo. Ellos debían estar juntos, se lo debía a “mi Remedios”. Aunque nunca me lo pidió, yo sabía que es lo que ella quería. Metí lo que quedaba de él en un saco y lo enterré al día siguiente en el nicho con ella. Fue fácil, el yeso aun estaba tierno cuando me colé en el cementerio por la noche.
Mi remordimiento se apagó por fin, hasta que hoy te lo he contado.
Como te dije esta mañana, ahora ya poco me importa. Será fácil hacer creer que mi cabeza no está “buena”, siempre lo he hecho cuando me ha interesado. Sólo quiero quedarme en un rincón y esperar, no quiero que me perdones, ni siquiera que lo puedas comprender. Las cosas son así y no puedo arrepentirme, porque lo volvería a hacer.”

Fui a por Carmen a su casa y la acompañé al cementerio.
El pequeño jarrón que mis hermanas suelen arreglar con flores de plástico por “Todos los Santos” sirvió para que ella depositara, por ésta vez, unas naturales de su pequeño parterre.
Le propuse exhumar la tumba pero ella, como yo, pensamos que estaba donde debía estar.
Algunas semanas después quise saber de ella, de su soledad, pero encontré la casa cerrada y el pequeño parterre abandonado.
A “La Sota” la habían enterrado unos días antes. El panadero fue el que avisó porque el pan se quedó varios días sin recoger en la entrada del camino, donde siempre le colgaba una pequeña barra, suficiente para una persona sola.
Soy una persona a la que le cuesta expresar sus sentimientos. No solté una lágrima cuando murió mi madre, ni tampoco lo hice con mi padre. Pero ahora, aquí en la vieja casa, cerca de El Saladar, y ya sin morera, me encuentro llorando como un niño por Carmen, “La Sota”, mujer no muy agraciada, antipática y de mal carácter…

"La Carta" (1ªParte)

RELATO PUBLICADO EN EL LIBRO "SUCESOS DE ALMORADI"

De pura casualidad.
Simplemente la encontré rebuscando en una caja metálica donde mi madre guardaba viejas fotos.
Hacía diez años que ella murió y mi hermana, la mayor, me pidió que buscase algún retrato de ella, una manera de guardar su memoria.
Ya se sabe, el tiempo va borrando todos los recuerdos, incluso el rostro de tu madre.
Allí estaba ella, junto a un grupo de amigos y cogida de la mano de alguien que no era mi padre.
El retrato estaba hecho delante de la Iglesia y debía ser en la Feria por lo arreglado que se veía el Paseo. Reconozco que al principio no le hice caso y la eché al montón de fotografías, sin embargo, al momento me arrepentí y volví a cogerla.
¿Quién sería? La curiosidad me hizo fijarme atentamente en la imagen. Detrás un sello, foto Villalba-Almoradí, y una fecha, 1934.
Mi madre tendría trece años y el joven que le acompañaba, vestido de músico, algunos más.
Se la enseñé a mi hermana y le pregunté si podía tener alguna idea de quien podía ser.
-Bueno, me dijo, cuando mamá estuvo tantas semanas en el hospital antes de morir, acuérdate que me quedaba con ella todas las noches, me contó algo de un novio que tuvo y que se murió en la guerra. Pero eso fue antes de conocer a papá. Me dijo que era de Callosa y que se llamaba Juan. Eso fue lo único que me contó.

La Banda de Callosa, que tocó en nuestro pueblo, en 1934.

Olvidé por completo la fotografía junto a aquella conversación hasta que hace unos meses, otra vez la casualidad, me hizo encontrar otra vieja caja. Esta vez estaba escondida en el cielo raso de la casa que aún tenemos en la huerta, muy cerca de El
Saladar y donde hemos vivido hasta que nos fuimos casando. Está prácticamente en ruinas, ya que era de mi abuela (los padres de mi madre).
Han entrado a robar tantas veces que ya no dejamos ni la azada.
Me sorprendió encontrarla allí arriba, escondida y atada con un cordel. Al abrirla sólo encontré dos cuartillas de lo que parecía una carta muy antigua escrita a mano. Nada más, ni siquiera un sobre.
No podía esperar a llegar a casa, así que me senté debajo de “mi” morera, la misma en la que me he sentado con mi madre desde niño, y me dispuse a leerla.

Querida Remedios:
Te escribo estas líneas hoy, veintinueve de noviembre de 1942, con la esperanza de que las recibas y sepas que estoy vivo. Hace casi cuatro años que no te veo, y sólo deseo que estés bien y sigas esperándome, como
prometiste. Yo lo estoy pasando muy mal. A veces me miro en el espejo y no puedo creer que este saco de huesos de apenas cincuenta kilos sea yo. Paso mucha
hambre, pero es el frío, que se mete en los huesos, el que más me hace sufrir.
El mismo frío que pasé en febrero de hace tres años, cuando crucé los pirineos descalzo y casi sin ropa, pensando que nos habíamos librado, por fin, de la maldita guerra. Nada que ver con el que pasaba rompiendo el hielo de la balsa para sacar el cáñamo, porque, aunque me calaba hasta la cintura, al final de la jornada, mi madre me esperaba con ropa seca y un caldo bien caliente.
¡Cuánto hecho de menos el caldo caliente de mi madre!. Nos trajeron a “Le Barcarès” y después, casi sin darme cuenta, otra vez me vi metido en una guerra que no iba conmigo. Al final me trajeron aquí, a Mauthausen, donde
cada día tenía que subir diez ó doce veces una maldita escalera de 186 peldaños, ciento ochenta y seis, cargado a la espalda con unas pesadas piedras de la cantera de granito. Y digo “tenía” porque desde hace un par de
meses ha cambiado mi suerte. Si te escribo estas líneas es porque ahora me dejan unas horas libres antes de los ensayos de la banda que se ha creado en el campo. “El banderillero” (así llamamos al médico) ha organizado una ridícula banda, de algo tenía que servirme ser músico, para tocar cuando algún oficial importante nos visita. Somos veinte “patéticos” músicos, que no tenemos fuerzas ni para tocar la flauta.
Estoy convencido de que muy pronto los alemanes perderán la guerra y podré estar contigo, y volver a tu Feria para tocar el día de los “Santicos”
Te quiere, Juan


              Un prisionero (que intentó escapar), acompañado por la banda para ser ejecutado en vista sumarial.

Existe un listado de los deportados españoles a los campos de concentración nazis y allí busqué su nombre. Primero busqué por Almoradí, aparecían dos nombres, y los dos liberados el 5 de mayo de 1945, pero ninguno se llamaba Juan. Después caí en la
cuenta de que mi hermana me había dicho que era de Callosa. En el listado aparecía Juan Lorenzo, nacido en Callosa del Segura el 18 de marzo de 1918, junto a un número de prisionero aparecía la fecha de deportación, 27-01-1941 y un “liberado” junto a la
misma fecha de los de Almoradí.
Finalmente había sobrevivido a Mauthausen.
Llegó mi madre a saberlo?
Prisioneros españoles el día de la liberación.


Desde hace tres años, desde que le cortaron la pierna, suelo dar un paseo los sábados por la mañana hasta la residencia y hacerle una visita a mi padre. Se ha convertido en una rutina, suelo recogerlo en su silla de ruedas y damos una vuelta por el mercado.
Nos sentamos en la terraza de una de las cafeterías de la calle Mayor y tomamos un cortado, en realidad un carajillo.
Después volvemos a la residencia y nos despedimos hasta el sábado siguiente. Tiene ochenta y seis años y una cabeza, que a veces funciona y otras no. Mis hermanas no querían llevarlo allí, pero finalmente nos dimos cuenta de que era lo mejor.
Hoy era uno de aquellos días en los que la cabeza le funcionaba y era capaz de mantener una conversación, así que, era el momento de saber si él conocía la existencia de aquel novio de mamá.
Sin pensarlo, lo solté:
-Papá, tú conocías a un músico de Callosa que se murió en la guerra y que se llamaba Juan?
El gesto de su cara cambió bruscamente,
-¿De qué lo conoces tú? Me preguntó.
-La nena me contó que mamá se lo nombró en el hospital….(no quise decirle nada de la carta y de que fue liberado)
-Sí, le conocí, sólo le vi una vez en mi vida, y no se murió en la guerra…..lo maté yo.
-¿Cómo? Ahora era yo el que no podía creer lo que escuchaba.
-Déjame contarte, ahora ya poco me importa que lo sepas. Acabada la guerra conocí a tu madre y me enamoré de ella. Me contó lo de un novio que tuvo y que tenía que esperarlo.
Yo sé lo quité de la cabeza, ¿cómo iba a volver después de tantos años?, ¿después de la otra guerra que le tocó con los franceses?. Me enseñó una carta donde decía que estaba vivo, pero finalmente la convencí para que la rompiera y se casara conmigo.

Una mañana de noviembre, cortando las primeras alcachofas del invierno, sería el año 47 ó 48, apareció por la “verea” un hombre muy delgado que me dio los buenos días y me preguntó si en aquella casa vivía “ La Remedios ”.
-Si, ¿porqué? Le pregunté.
Me dio cuentas de todo, como si no tuviera ninguna prisa, estuvo contándome porqué y para quien estaba allí, de lo mucho que había esperado aquél momento, de lo que había sufrido, de que ni siquiera había llegado a casa de sus padres, que sólo quería ver y abrazar a Remedios. Me contó de su largo viaje de regreso y cómo había llegado hasta la Estación y preguntado donde vivía ella.
Empezaba a avanzar por el camino hacia la casa, ¿cómo iba a dejarlo llegar?, ¿como iba a permitir que la viese embarazada de tu hermana mayor?, ¿como iba a quererme estando él por allí?.
Sólo llevaba la navaja de cortar las alcachofas, ya sabes, la que aun conservo después de tantos años, así que me fui a por él…
Hubiera querido que todo hubiese ocurrido en silencio, en secreto…pero sus gritos la alertaron y la hicieron venir para verlo tendido en el suelo desangrándose….
Fue tu madre la que me dijo que lo enterrase, que nadie debía enterarse, que de todas formas ya ni se acordaba de él.
Lo enterré junto a la casa y planté unas moreras que con el tiempo se fueron secando, quizá por estar muy cerca unas de otras, el caso es que sólo quedó la que tú conoces, en la que de pequeño tu madre te “angrunsaba”.
Después naciste tú y más tarde tu hermana pequeña, y nunca más hablamos de aquello, de hecho, nunca más volvimos a hablarnos más de cuatro palabras seguidas..
Como si hubiese estado esperando a contármelo, a partir de aquel día ya no volvió a tener la cabeza “buena”. Lo vi apagarse cada sábado de mercado hasta que, finalmente, murió.

La memoria, a veces, nos juega unas malas pasadas. Hasta el momento en el que me senté en el tanatorio y empecé a recibir los pésames nunca había recordado aquel instante de mi niñez.
Tenía siete, ocho, puede que nueve años y venía de regreso del colegio.
Mamá estaba sentada debajo de la morera, donde casi siempre estaba, pero esta vez lloraba desconsolada con algo en sus manos. Entonces no sabía lo que llevaba, pero ahora veo claramente la imagen del Perpetuo Socorro en su mano derecha.

Intentó disimular cuando me acerqué, pero yo le pregunté -¿por qué lloras?
-Estoy rezando, para que la Virgen me perdone algún día, por lo mala que he sido.
Yo la abrazé, al tiempo que le decía, -Pero si eres la mamá mas buena del mundo.
-Sí, cariño, la más buena del mundo…
De su mano izquierda cayeron dos hojas escritas que intenté coger del suelo, pero ella no me dejó hacerlo…

(Accésit Certamen Literario Antonio Sequeros 2009)

La Tata




Era la primera vez que viajaba sólo, la primera en la que llegaba hasta la Estación sin
ninguna compañía.


Su madre nunca se lo habría permitido, pero ahora que había fallecido meses atrás y a punto de cumplir catorce años, su padre le dijo que ya era lo suficientemente mayor. Aunque eso sí, tuvo que aguantar las mismas advertencias de costumbre: “no hables con nadie, sé educado, no te vayas a pasar de estación, fíjate
bien en el cartel de Almoradí-Dolores, obedece a la abuela cuando llegues…”



A su llegada, el cochero le esperaba con su reluciente tartana “faetón” é iniciaron un
corto paseo hasta la Hacienda. Habían acabado las clases y comenzaban sus
ansiadas vacaciones en la huerta, rodeado de sus primos, lejos de Alicante, y bajo la
protección de la “tata”.
La “tata” (en realidad, no conocía su nombre) era una “vieja” mujer enlutada que
estaba al servicio del Marqués, y que se había encargado del pequeño Lorenzo
todos los veranos, desde que nació. Era de la parte de Murcia, y tenía cinco hijos que
se fueron casando y dejando vacía la casa, aunque uno de sus nietos, el de su hija
mayor, ayudaba en las faenas de la huerta a su marido.



El matrimonio vivía allí mismo, en la planta baja, donde además estaban las cuadras de animales, y un enorme patio central con un pozo.
Con la misma nana que había dormido a sus cinco hijos, y después a sus nietos, la
misma cantinela, con el crujir de la misma silla comprada en Bullas, marcando el
compás con un suave “golpecico” en el “culico”, el pequeño Lorenzo se había
dormido en sus brazos desde que era un bebé, y por eso, era de lo primero que se
acordaba cuando llegaba a la finca:
“¡Ea, ea, ay, que gallina tan fea, ea, ea, y como se sube al palo, alo, alo, y como se zarandea!...Ea, ea… “Y la repetía, y repetía, hasta que se quedaba “torraico”.



Tenía la “tata” un hablar muy peculiar, allí las ortigas eran “marranchinchas” y las
judías, que por cierto odiaba, “bajocas”.


A las cáscaras les decían “pellorfas” y si te daba un dolor de barriga, en realidad, lo que te estaba dando era un “torsón”.
Él acababa el verano hablando como ella, y siempre escuchaba a su madre, cuando
vivía, discutir por aquello: “que si no era bueno que estuviera todo el tiempo con la
“Tata” y su nieto, que si acababa hablando como ellos, que si eso no tenía que ser
bueno….Pero él era feliz, sin traje y sombrero, corriendo en pantalón corto por la mota del río con el “pichas” (así decía llamarse el nieto de la “tata”) hasta el puente de
hierro, volando la “milocha” que el abuelo del “pichas” había hecho con cuatro
cañas y un trozo de papel.



Su padre, aunque era Marqués, Diputado y no sé cuantas cosas más, en realidad no
sabía ni la mitad que el agüelo del “pichas”. Con él aprendió a distinguir las
“caberneras” de los “verderoles”, a saber cuando un melón de agua estaba “pa
comérselo” y hasta le enseñó a ayudar a que pariesen las yeguas. Curiosamente,
tampoco sabía su nombre, era simplemente el “agüelo”.
Las únicas horas del día en las que subía a casa era por la noche, para darle un beso
a la abuela, marquesa viuda, y acostarse. No le gustaba aquella casa tan grande,
llena de habitaciones, muchas de ellas sin ventanas. Pero abajo todo era distinto.
A un lado de la planta baja estaban las bodegas y lagares, las cuadras de animales, el
matadero, y la casa de la “tata” con el horno, algo milagroso del que salían unas
tortas de azúcar que siempre estaban crujientes.



Los sábados el cochero preparaba el faetón al que enganchaba dos caballos y
daban una vuelta por el bullicioso mercado del pueblo y lo mismo hacían los
domingos, cuando toda la familia, incluido su padre que bajaba de Alicante a pasar
el fin de semana, acudían a la Iglesia.
Muchas veces, el señor cura se volvía con ellos para comer, era el día de la semana
que tocaba ir bien vestido y portarse con toda educación, como le habían enseñado.
Nada que ver con las comidas de la “tata”, donde ni siquiera rezaban para dar gracias.
A pesar de que la casa siempre estaba llena de gente importante, él siempre se iba en
busca del “agüelo” y del “pichas”.



El pobre “zagal” no conocía la escuela ni mucho menos las vacaciones y se pasaba el día detrás de su abuelo, haciendo lo que le mandaban.
Limpiaba los animales, sacaba agua del pozo, preparaba las barricas para el vino,
siempre había algo que hacer en aquella finca tan grande. Y eso que estaba lisiado
de una pierna, y andaba renqueando desde bien pequeño. Su abuelo se lo llevó al
pueblo, tendría cuatro ó cinco años, a la salida de la carretera de Novelda, donde la
herrería.


Allí estuvo de tratos para vender un mulo, y allí se olvidó del nieto que se
puso detrás de una yegua, entre dos carros, que acabaron pisándole una pierna.
El veterinario, que también debía entender de niños, dijo que no era nada, que en un
mes como nuevo…Y así se quedó para siempre, como nuevo. Primero tuvo que andar
con algo parecido a una muleta, hecha por su abuelo, en la que alguien tuvo la idea
de grabar con una navaja la palabra que, con el tiempo, se convirtió en su mote.
Como en Algorfa su madre no podía llevarlo al colegio, cojo como estaba, y
tampoco iba a valer para trabajar, lo mejor que se podía hacer era mandarlo con los
abuelos, a casa de los marqueses, que allí no le faltaría comida.



Lorenzo siempre quería llevarse al “pichas” por la mota, pero el “agüelo” se lo tenía
prohibido, así que, acababa haciéndolo con alguno de sus estirados primos que
pasaban las vacaciones con él. Les ensillaban un par de caballos y enfilaban por la
orilla del río, unas veces hasta la desembocadura, parándose en el puente del
ferrocarril para ver la enorme locomotora echando humo camino de Torrevieja, y otras hasta el Azud, donde el molino arrocero, justo donde comenzaba la Acequia que daba riego a toda la finca.



Una mañana, como cualquier otra, bajó en busca de su vaso de leche, aquél que le
dejaba los bigotes llenos de nata, y se encontró con algo muy extraño. Había mucha
gente en la puerta, algunos hijos de la “Tata”, y un par de carros que no conocía.
Hasta la abuela estaba allí, en la puerta. Algo importante tenía que pasar para que su
abuela, marquesa viuda, estuviese allí tan temprano.
-Carmen ha tenido un dolor por la noche, han ido en busca del médico y del cura al
pueblo, pero no se ha podido hacer nada…Parece ser que estaba ya tiempo con lo
mismo, era una mujer que no se quejaba, la pobre…



Para el velatorio se la llevaron a Algorfa, a casa de su hija mayor, y después la
enterraron en el pueblo. Ella hubiese querido que lo hubiesen hecho en Bullas, pero
no pudo ser, era un viaje muy caro. A su nieto el “pichas” y a él no los dejaron ir al
entierro, a uno por no tener ropa y al otro “porque no era adecuado”, así que se
escondieron en la barraca del puente de piedra, y desde allí los vieron pasar con la
caja, camino de Almoradí.
Al otro día, después de desayunar por primera vez en la cocina con su abuela y sus
primos, nada que ver con los vasos de leche de la “tata”, bajó en busca del “agüelo”
y del “pichas” pero los encontró cargando algunas cosas en un carro.
Su nieto las ataba con una cuerda.
-Me voy a casa de mi hija Paca, yo ya estoy muy mayor, y tiene razón tu abuela, la
señora Marquesa, ahora necesitan un matrimonio más joven que cuide todo esto, a mi me quedan dos “pelás”…
Le extrañó que siendo una casa tan grande, con tantas cosas dentro, apenas llenasen
una cuarta parte del carro. Entre las pocas cosas, estaba la silla comprada en Bullas,
en la que su “tata” lo dormía cuando era un mañaco.
-“Agüelo”, ¿Te vas a llevar la silla de las nanas? Le preguntó Lorenzo.
Lo miró pensativo, pero finalmente le dijo a su nieto que la desatara y se la diese al
señorito” Lorenzo.


Nunca lo había llamado así.
Después, pacientemente, montó en el carro, arreó al viejo mulo y emprendieron
camino del puente. El “pichas” aceleró su paso renqueante, pegó un salto y se subió
en él. Su mirada se fijó en la de Lorenzo, y así se quedó hasta que doblaron por el
camino y desaparecieron.
Fue la última vez que les vio.

Algunos años después, convertido en un importante empresario, volvió a la finca.


Lo hizo conduciendo uno de los primeros coches a motor, un flamante “Maxwell”.
Su hermano mayor, además del título nobiliario, había heredado la hacienda, y
reformado completamente. La fachada aparecía ahora totalmente enlucida, sin
aquél acabado en piedra, las bodegas y lagares habían desaparecido y
transformado en aljibes. Un enorme jardín con estatuas y una casita de juegos para
los niños ocupaban lo que él había conocido lleno de viñedos. La casa de la “tata”
estaba ahora ocupada por un joven matrimonio con niños.


Acabada la fiesta, se dirigió a las cocheras, donde había aparcado el coche, y al
fijarse en el altillo, lleno de trastos viejos, reconoció la vieja silla comprada en Bullas,
aquella en la que la “tata” le cantaba aquella nana, marcando el compás con un
suave “golpecico” en el “culico” y dejando al pequeño Lorenzo “torraico”.
Se sintió mal.
Por el “agüelo”, y por el “pichas”. Por no haberse despedido, por no haberles dicho lo
feliz que fue durante todos aquellos veranos, por haberle quitado al “agüelo” aquella
vieja silla a la que después nunca le hizo caso.



Pero ahora era un importante empresario, tenía grandes negocios y no era tiempo de lamentaciones.
Por un momento le pasó por la cabeza la idea de parar en Algorfa, de buscar al
“pichas”, de saber cómo le había tratado la vida, pero tenía un largo camino de
regreso a Alicante. Su mujer habría pensado que estaba loco, y además su hijo
pequeño se había quedado en casa, era un viaje demasiado largo para un bebé.



Cuando llegaron, la niñera estaba intentando dormirlo en una lujosa
mecedora llena de cojines, nada que ver con la silla comprada en Bullas.
Lorenzo cogió suavemente a su pequeño en brazos para intentar dormirlo, en
realidad por primera vez, y lo hizo entonando una cantinela, una y otra vez, marcando el compás con un suave “golpecico” en el “culico”, hasta que finalmente se quedó
torraico”…




Accésit XVII Certamen Literario Antonio Sequeros (Será publicado en la Revista de Feria 20111)

"Sucesos de Almoradí" a la venta


Podrás adquirir el nuevo libro "Sucesos de Almoradí" en los siguientes puntos:


Libreria GRIMA (http://www.libreriagrima.es/indice)
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Kiosco-prensa EL PASO
Copisteria-Estanco ANDUJAR
Estanco-prensa LOS CUÑAOS
Sociedad Casino (Cafetería)


Desde la página de Librería Grima podrán pedirse ejemplares para las personas que vivan fuera de la localidad.
Estaré encantado de firmar cualquier ejemplar. Simplemente dejar vuestro nombre con el libro y pasaré por donde lo hayáis adquirido.

Como se vivió el terremoto en el Convento

"Almoradí asolado, y multitud de cadáveres, salvándose los Frailes de San Francisco de Paula bajo un arco del Convento". Ésta es la descripción que se hace en ésta reproducción (ampliada y coloreada) publicada en Orihuela en el siglo XIX.

Adelanto de la parte final del capítulo dedicado al Seísmo de 1829 publicado en "Sucesos de Almoradí", y extraído del "Libro corriente del gasto del Convento de Almoradí que principió en enero de 1815" que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional.

-6 de abril de 1829
 “En el día 21de marzo a las seis horas y media de la tarde vino un terremoto que en pocos minutos destruyó y vino al suelo el Convento é Iglesia”.

El día 23 ya se pagaron 16 jornales por “excavar en las ruinas del Convento” y a partir del seis de abril se paga un “guarda para la noche custodiando los efectos extraídos”.
Aunque el Convento había sido suprimido en 1823, en éste se mantenía un gran número de frailes que administraban las fincas arrendadas, y en el que afortunadamente, no pereció nadie.
Fueron de los primeros en construirse unas barracas provisionales, y durante meses estuvieron desescombrando, y más tarde, reconstruyendo parte del enorme edificio, obras que pagaron de sus “fondos ordinarios”.

Desde el 13 de septiembre de 1828 al 18 de abril de 1829 se sucedieron una serie de terremotos en nuestra zona calculados en más de doscientos. El ocurrido el 21 de marzo, conocido como el de Torrevieja y con una intensidad estimada de 6,6º en la escala de Richter, se convirtió en el más destructivo del sudeste de la Península Ibérica en los últimos 500 años.
En la noche del 23, dos días después, volvió a producirse un nuevo terremoto que destruyó por completo Guardamar y San Fulgencio.

Presentación de "Sucesos" en INFORMACIÓN

El nuevo libro de José Antonio Latorre pone en esta ocasión el punto de mira en un recorrido histórico trazado a partir de la publicación de las "crónicas de los sucesos más trágicos" recogidos en la prensa provincial y en las fotografías que mejor pueden definir el trascurso de la cotidianidad y la vida diaria en el pasado de Almoradí.

De este modo, el escritor explica los hechos pasados que pueden explicar el presente del municipio, aunque se trate de sucesos trágicos que alguno querría olvidar.
"Sucesos de Almoradí" es la nueva publicación del autor que editó el libro con la memoria gráfica de la localidad el pasado año. Latorre además es conocido por gestionar el blog Almoradi1829, centrado en repasar los hechos históricos de la localidad.
En las 275 páginas de este nueva publicación se explica desde cómo era el Almoradí anterior al terremoto que reharía el pueblo para siempre, hasta el paso de la gripe española o la conmoción que supusieron las inundaciones de 1946.

Todo ello en una línea histórica que abarca desde 1800 a 1950 y que es definida a través de documentos únicos e inéditos, hechos públicos gracias a una fastuosa labor de investigación que ha abierto archivos y hemerotecas provinciales e, incluso, el fondo de la Biblioteca Nacional.
Nuevamente encontramos un apoyo fotográfico excepcional gracias a las aportaciones del fondo gráfico que el Marqués de Rioflorido, Juan Viudes, además de las diversas fuentes que durante años han ido plasmando el presente de los vecinos de Almoradí. El libro, que fue presentado ayer, se pondrá a la venta en todas las librerías y quioscos de la localidad el próximo viernes al precio de dieciocho euros.
Enlace al artículo en el   DIARIO INFORMACION

Presentación de "Sucesos" en VegaBaja Digital.com

Esta mañana el almoradidense José Antonio Latorre ha presentado su libro “Sucesos de Almoradí”. Se trata de una recopilación de los hechos más trágicos de la historia de la localidad, la gran mayoría desconocidos y soprendentes. Al autor le ha supuesto un trabajo exhaustivo durante más de año y medio, que si bien es cierto, son muchos los años dedicados a reunir documentación escrita y fotográfica, con la ayuda de gente de Amoradí y de archivos como el de la Diputación de Alicante. Ésta, su afición le llevó a publicar hace dos años “Memoria gráfica” con más de 400 fotografías antiguas del municipio.

La nueva publicación de 275 páginas se divide en tres partes. La primera narra capítulos de la historia de Almoradí del S.XIX con el antes y después del terremoto que destruyó la localidad. La segunda parte es una cronología de los sucesos del S.XX; y la tercera parte es un archivo fotográfico de gran calidad gracias a las numerosas imágenes que capturó en su día el marqués de RíoFlorido, Juan Viudes.
A partir del próximo viernes puede adquirir “Sucesos de Almoradí” en todas las librerías, papelerías y quioscos de la localidad.
Enlace al artículo en VegaBaja Digital

Prólogo "Sucesos de Almoradí" de don Joaquín Galant Ruiz






Contraportada del libro


Abogado y político nacido en Almoradí, Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona.
Políticamente fue el primer presidente en Alicante de Unión Democrática Española hasta su unión al PPDC de Fernando Álvarez de Miranda. En las elecciones generales españolas de 1977 y 1979 fue elegido diputado por UCD por la provincia de Alicante.

Joaquín fue además uno de los nueve diputados alicantinos que sufrieron en primera persona el secuestro del Congreso durante las 18 horas más dramáticas de la democracia española la tarde del 23 de febrero de 1981.Actualmente reside en Alicante, donde además se le otorgó el nombre a una de sus calles, y es colaborador habitual de nuestro Libro de Feria con sus recuerdos é interés, compartido, por la historia de Almoradí.
De pensamiento e ideologia Democratacristiana, en la tercera legislatura fue Presidente Regional del Partido Demócrata Popular de Oscar Alzaga, y portavoz del PDP dentro de la Coalición con los partidos AP, Liberal y UV en las Cortes Valencianas.







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