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Hoy es
Barraca Peña Huertana 2011
Desde el domingo 24 al 27 de julio (horario de 12 a 14 y de 19 a 22) podrá visitarse la barraca de la Peña Huertana. Como novedad, podréis ver a gran formato, parte de la colección del legado fotográfico de Juan Viudes que he incluido en el libro "Sucesos de Almoradí". Como sabéis, se trata de las imágenes más antiguas de toda la comarca, y muestran fielmente como era nuestro pueblo y su huerta a finales del siglo XIX.
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El origen de la Música (2ªParte)
Antes de que surgieran las primeras bandas de música de carácter moderno, es decir, como las conocemos actualmente, existían conjuntos de viento municipales y principalmente, eclesiásticos.
Estos pequeños grupos de música ya acompañaban en el siglo XVII a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario por las calles de nuestro pueblo los domingos de madrugada para cantar la aurora, y en diferentes festividades religiosas.
Con motivo de las fiestas celebradas en el Convento de San Francisco de Paula por la bendición de su Iglesia, en 1748, se celebró una solemne procesión por las principales calles, acompañada del compás de “sonoros instrumentos y suaves voces”.
En febrero de 1790 el Ayuntamiento paga por “la contratación por la música de proclamación del Rey Carlos IV” a don Josef Moñino 50 libras “moneda del Reino”.
Sin embargo, no es hasta mediados del XIX cuando aparece por primera vez una referencia clara a la existencia de una “banda de música en la localidad”.
Del 21 al 23 de febrero de 1852, y con motivo de las Fiestas Reales, algo muy habitual entonces, por el feliz alumbramiento de la Reina Isabel II que tuvo a la Princesa de Asturias Isabel de Borbón, conocida como “La Chata”, el director de la música, Vicente Grech, recibía del Ayuntamiento 690 reales de vellón por los tres días festivos. Aquél mismo año, la banda es contratada además para las festividades del Corpus y San Andrés.
Ni siquiera existía alumbrado público, los primeros faroles de aceite se instalaron en 1854, por lo que la banda tenía que desfilar con antorchas, a la vez que se iluminaba con ellas la Casa Consistorial é Iglesia.
Sin duda, los aires de modernidad de la época, trajeron a toda la comarca la creación de éstas bandas, que comenzaron usando los uniformes é instrumentales de las bandas militares.
En el caso de Catral se constituyó el primer conjunto musical estable de viento y percusión alrededor de 1850, es decir, por la misma fecha de la de Almoradí, y estaba formada por unas 20 personas. Por cierto, que ésta banda ya fue contratada por nuestro Ayuntamiento para la festividad de San Andrés de 1860. Por ello se pagaron 40 reales de vellón “para llevar y traer en dos carros a los músicos del vecino pueblo de Catral”.
Firmado Vicente Grech
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Estos pequeños grupos de música ya acompañaban en el siglo XVII a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario por las calles de nuestro pueblo los domingos de madrugada para cantar la aurora, y en diferentes festividades religiosas.
Con motivo de las fiestas celebradas en el Convento de San Francisco de Paula por la bendición de su Iglesia, en 1748, se celebró una solemne procesión por las principales calles, acompañada del compás de “sonoros instrumentos y suaves voces”.
En febrero de 1790 el Ayuntamiento paga por “la contratación por la música de proclamación del Rey Carlos IV” a don Josef Moñino 50 libras “moneda del Reino”.
Sin embargo, no es hasta mediados del XIX cuando aparece por primera vez una referencia clara a la existencia de una “banda de música en la localidad”.
Del 21 al 23 de febrero de 1852, y con motivo de las Fiestas Reales, algo muy habitual entonces, por el feliz alumbramiento de la Reina Isabel II que tuvo a la Princesa de Asturias Isabel de Borbón, conocida como “La Chata”, el director de la música, Vicente Grech, recibía del Ayuntamiento 690 reales de vellón por los tres días festivos. Aquél mismo año, la banda es contratada además para las festividades del Corpus y San Andrés.
Ni siquiera existía alumbrado público, los primeros faroles de aceite se instalaron en 1854, por lo que la banda tenía que desfilar con antorchas, a la vez que se iluminaba con ellas la Casa Consistorial é Iglesia.
Sin duda, los aires de modernidad de la época, trajeron a toda la comarca la creación de éstas bandas, que comenzaron usando los uniformes é instrumentales de las bandas militares.
En el caso de Catral se constituyó el primer conjunto musical estable de viento y percusión alrededor de 1850, es decir, por la misma fecha de la de Almoradí, y estaba formada por unas 20 personas. Por cierto, que ésta banda ya fue contratada por nuestro Ayuntamiento para la festividad de San Andrés de 1860. Por ello se pagaron 40 reales de vellón “para llevar y traer en dos carros a los músicos del vecino pueblo de Catral”.
“Como director de la música de ésta villa, he recibido del depositario de éste Ayuntamiento por mano del Síndico del mismo la cantidad de 690 reales de vellón por la asistencia que hizo ésta, no sólo en los tres días de las Fiestas Reales, sino que también en los bandos públicos con presencia del Ayuntamiento y personas más notables, al recibirse las faustas noticias del nacimiento de la princesa de Asturias y felíz restablecimiento de la herida causada en la real persona de S.M. y tadeum cantado”.
Almoradí 2 de mayo de 1852.Firmado Vicente Grech
Moros y Cristianos (3)
Primera Asamblea Caballeros del Cid
Otra fiesta en AlmoradíParece que la fiesta de Moros y Cristianos se ha “puesto de moda”. Una fiesta, eminentemente popular, de hondo arraigo en el norte de la provincia de Alicante (Alcoy, Villena, Villajoyosa ó Biar), va calando poco a poco en el sur (Crevillente, Orihuela ó Albatera) y llega al mismo corazón de la Vega Baja. Y es que razones tenemos; todo aquí hunde sus raíces en la historia de la España islámica: la acequia, la noria, el agua y el azahar, la vega misma, son musulmanas.
Almoradí va a sumarse a este homenaje histórico y festero porque el pueblo así lo quiere. Y bailará como nadie al compás de las marchas porque lo lleva en la sangre, en la personalidad, en el mismo nombre de la villa.
Pero, ¿se une Almoradí a la fiesta de una manera anodina, por simple mimetismo? Desde aquí quiero hacer conocer a todos de que no, de que lo hace con la frente alta porque tenemos nuestra tradición, tradición que quizás no sea pura historia, pero que es leyenda. Y leyenda bella, poética, puede ser la base de nuestra fiesta: En el año 1263, el rey de Aragón Jaime I El Conquistador tiene que volver a reconquistar la zona de la Vega Baja del Segura, ya reconquistada anteriormente en torno a 1240, debido a que hubo una rebelión morisca de gran importancia en ésta comarca. Y la leyenda popular que recoge Montesinos en su trabajo histórico de los pueblos de la Vega, cuenta que el día 29 de noviembre de aquel año estaba acampado el ejército cristiano en los alrededores de la villa, la cual ofrecía seria resistencia armada. Unas aspas doradas aparecieron en la noche sobre la mezquita islámica, situada donde hoy la Iglesia Parroquial, señal de que el triunfo cristiano se daría al día siguiente, día de San Andrés, como así fue. Almoradí fue reconquistada el 30 de noviembre de 1263 según ésta leyenda.
Aquí está la causa de que tengamos a San Andrés por Patrón, de que la parroquia esté a él dedicada, de que en nuestro escudo aparezca la cruz del Santo Apóstol.
¿Fue verdad ó no? Lo más probable sería que Almoradí fuese entonces una pequeña aldea; que los moriscos quizás vieran pasar a las huestes cristianas sin inmutarse y que luego, sin comprenderlo bien, siguieran regando sus naranjos.
Pero ahí tenemos el punto de partida, la leyenda, ahí está nuestra tradición.
Hagamos ahora nuestras fiestas.
J. Antimo Miravete Gómez
9 de Junio de 1979, en el Concierto Homenaje de la Banda
Unión Musical a la Comparsa Caballeros del Cid.
"Sucesos de Almoradí" en la Web del Ayuntamiento.
Enlace a la Web con la noticia aquí
Tejidos Manuel González
Anuncio de prensa de los años 30
La tienda en los años 40 actualmente ocupada por la CAM)
El negocio de la venta de tejidos fue fundado en 1880 por mi abuelo. Se abría todos los días de la semana, incluso los domingos, ya que las mujeres de la huerta venían a misa de seis y luego pasaban por la tienda. Durante todo el año compraban los “ajuares de novia” a las hijas: sábanas de pieza, colchas, mantelerías, mantas de algodón y de lana… En invierno vendíamos mucha pana para pantalones y chaquetas de hombre y también chales y toquillas de punto negro para las mujeres…puesto que pocas podían comprar el tejido de abrigo ya que salía muy cara esta prenda si luego se la tenían que confeccionar. Por Semana Santa se llevaban muchos artículos de seda y crespón negro para vestidos de “Manola”, mantillas blancas y sobre todo, negras. Era costumbre por Pascua que pandillas de jóvenes fuesen a comer la “mona” y se hicieran vestidos para estrenar esos días, pero todos iguales para cada grupo de amigas, cortados de la misma pieza. Cuando llegaba el verano las mujeres querían, sobre todo, sedas estampadas para hacerse vestidos y blusas para poder ir lo más frescas posibles, los cosía la modista y se estrenaban en la Feria.
Al cerrar la tienda se abocaban las monedas de los cajones sobre un lienzo que se ponía encima del mostrador y los empleados que se les suponía muy honrados y leales a la casa, las iban contando; casi todas eran monedas de cinco, diez céntimos y pesetas de plata; luego se hacían envoltorios con papel grueso.
(Extraído de “Almoradí en la memoria” de Antonio González Lucas)
"La Carta" (2º Parte)
RELATO PUBLICADO EN EL LIBRO "SUCESOS DE ALMORADI"
(Inprescindible haber leido la primera parte)Fueron unas semanas.
No sé a ciencia cierta cuantas, pero tampoco tiene la mayor importancia. Ya no podía sentarme debajo de la morera sin quitarme de la cabeza que él estaba allí enterrado. Los recuerdos aparecían.
Volvía a verme de niño, arrancando las hojas para mis gusanos de seda, ayudando a mi padre a podarla, contando en su tronco hasta veinte mientras mis hermanas se escondían…
Tenía que contárselo a alguien.
Decidí hablar con mis hermanas, y ellas fueron las que me dijeron que teníamos que hacer algo, que seguro que su familia querría saberlo.
No sé…el caso es que una tarde me presenté en la Sede de la música en Callosa y pregunté si alguien podía darme alguna pista. Tenía su nombre completo y fecha de nacimiento así que no resultó muy difícil conseguir un nombre y una dirección; Carmen “la Sota”, su única hermana, seguía viviendo en la huerta.
No pude meterme con el coche por el camino que llevaba hasta una casa tan vieja como la de mis padres. No parecía que allí viviese nadie, pero al llamar con un “buenos días” una vieja mujer enlutada apareció contestando desde un lateral de la casa donde, a modo de pequeño parterre, cuidaba de unas pocas flores.
Empecé contándole que mi madre había sido novia de su hermano Juan, y que se conocieron en la Feria de Almoradí. Una vez ganada su confianza, entramos a su cocina y nos sentamos en una vieja mesa camilla. No podía parar de hablar, y a pesar de que creía que me costaría contarle la verdad, lo cierto es que, como un gran desahogo, se la conté.
Sólo acertó a llorar, a decirme que su madre lo estuvo esperando durante años. Acompañaba su llanto con un lamento; “Mi Juanín, mi pobre Juanín…”
También en su casa habían recibido una carta diciéndole que lo habían liberado y que muy pronto volvería desde Francia.
Carmen apenas se acordaba de él, tenía diez años cuando se fue a la guerra, y ni siquiera conservaba una fotografía, entonces no era como ahora. Tampoco había conocido a su padre, muerto en la guerra de África unos meses antes de que ella naciera. Siempre estuvo a solas con su madre, soltera y sola. Los novios que se “acercaban” nunca acababan de gustarle. Seguro que cuando su Juanín volviese todo se arreglaría. Pero no volvió, y la espera empezó a convertirse, en cierto modo, en odio. Muchos de los liberados de los campos alemanes prefirieron quedarse en Francia, aquí les esperaban los vencedores, y en muchos casos, la venganza. Vio envejecer a su madre lamentándose de que no volviera su hijo, y ella, cargando con el trabajo de la huerta y los animales…Sí, sin duda, su hermano era el culpable de que a ella acabaran conociéndola por “La Sota”.
Le enseñé la fotografía del Paseo, cogido de la mano de mi madre y me pidió que la llevase donde estaba enterrado.
Decidimos que lo mejor era buscar sus restos y darle sepultura junto a sus padres, así que una excavadora estuvo todo un día buscando, pero nada apareció. Habían pasado sesenta años, pero algún resto debía quedar.
Arranqué hasta la morera, pero nada.
¿Dónde estaba?
Mi obsesión por saber que había pasado me llevó a buscar entre todas las cosas que, en una bolsa de basura, me habían dado en la residencia tras la muerte de mi padre. Una carpeta azul con gomas escondía casi toda su vida resumida en recuerdos de papel. Una foto en la que estábamos toda la familia, una vieja cartilla militar, hasta una tarjeta de racionamiento. Había vivido ochenta y seis años y todo estaba en aquella bolsa de basura, a modo de maleta, sin ningún valor.
Recuerdo que, al poco de morir mamá, le compré por Navidad un libro que se había escrito sobre el habla de la comarca. Le gustaba leerlo, y reconocerse en muchas de las palabras y dichos que él siempre utilizaba. Ese año siempre lo llevaba encima y le gustaba bromear, entonces tenia aún la cabeza y las piernas “buenas”, y siempre tenía la frase pensada.
Ahora, era yo el que lo tenía lo tenía entre mis manos, y al pasar las hojas, buscando frases que él tenía subrayadas, me encontré con una palabra que me llamó la atención; “Sota”: mujer no muy agraciada, antipática y de mal carácter.
Encontré una cuartilla doblada y escrita por los dos lados entre las páginas de aquél libro.
“Ahora que te lo he contado han vuelto a aparecer mis pesadillas, y como te conozco, sé que empiezan las tuyas. No te lo conté todo. Me faltó decirte que a partir de aquél día no pude dormir, que ver a tu madre sentada bajo la morera llorando cada día del resto de su vida, con aquella maldita carta, no podía soportarlo.
La noche que estuvisteis velándola en casa, acuérdate que me preguntasteis donde me había metido, estuve en la huerta, pero cavando para sacarlo. Ellos debían estar juntos, se lo debía a “mi Remedios”. Aunque nunca me lo pidió, yo sabía que es lo que ella quería. Metí lo que quedaba de él en un saco y lo enterré al día siguiente en el nicho con ella. Fue fácil, el yeso aun estaba tierno cuando me colé en el cementerio por la noche.
Mi remordimiento se apagó por fin, hasta que hoy te lo he contado.
Como te dije esta mañana, ahora ya poco me importa. Será fácil hacer creer que mi cabeza no está “buena”, siempre lo he hecho cuando me ha interesado. Sólo quiero quedarme en un rincón y esperar, no quiero que me perdones, ni siquiera que lo puedas comprender. Las cosas son así y no puedo arrepentirme, porque lo volvería a hacer.”
Fui a por Carmen a su casa y la acompañé al cementerio.
El pequeño jarrón que mis hermanas suelen arreglar con flores de plástico por “Todos los Santos” sirvió para que ella depositara, por ésta vez, unas naturales de su pequeño parterre.
Le propuse exhumar la tumba pero ella, como yo, pensamos que estaba donde debía estar.
Algunas semanas después quise saber de ella, de su soledad, pero encontré la casa cerrada y el pequeño parterre abandonado.
A “La Sota” la habían enterrado unos días antes. El panadero fue el que avisó porque el pan se quedó varios días sin recoger en la entrada del camino, donde siempre le colgaba una pequeña barra, suficiente para una persona sola.
Soy una persona a la que le cuesta expresar sus sentimientos. No solté una lágrima cuando murió mi madre, ni tampoco lo hice con mi padre. Pero ahora, aquí en la vieja casa, cerca de El Saladar, y ya sin morera, me encuentro llorando como un niño por Carmen, “La Sota”, mujer no muy agraciada, antipática y de mal carácter…
"Sucesos de Almoradí" a la venta
Podrás adquirir el nuevo libro "Sucesos de Almoradí" en los siguientes puntos:
Libreria GRIMA (http://www.libreriagrima.es/indice)
Libreria BECAS (http://www.libreriabecas.com/)
Kiosco-prensa GALIMATIAS (Eugenio)
Kiosco-prensa EL PASO
Copisteria-Estanco ANDUJAR
Estanco-prensa LOS CUÑAOS
Sociedad Casino (Cafetería)
Desde la página de Librería Grima podrán pedirse ejemplares para las personas que vivan fuera de la localidad.
Estaré encantado de firmar cualquier ejemplar. Simplemente dejar vuestro nombre con el libro y pasaré por donde lo hayáis adquirido.
Presentación de "Sucesos" en INFORMACIÓN
El nuevo libro de José Antonio Latorre pone en esta ocasión el punto de mira en un recorrido histórico trazado a partir de la publicación de las "crónicas de los sucesos más trágicos" recogidos en la prensa provincial y en las fotografías que mejor pueden definir el trascurso de la cotidianidad y la vida diaria en el pasado de Almoradí. De este modo, el escritor explica los hechos pasados que pueden explicar el presente del municipio, aunque se trate de sucesos trágicos que alguno querría olvidar.
"Sucesos de Almoradí" es la nueva publicación del autor que editó el libro con la memoria gráfica de la localidad el pasado año. Latorre además es conocido por gestionar el blog Almoradi1829, centrado en repasar los hechos históricos de la localidad.
En las 275 páginas de este nueva publicación se explica desde cómo era el Almoradí anterior al terremoto que reharía el pueblo para siempre, hasta el paso de la gripe española o la conmoción que supusieron las inundaciones de 1946.
Todo ello en una línea histórica que abarca desde 1800 a 1950 y que es definida a través de documentos únicos e inéditos, hechos públicos gracias a una fastuosa labor de investigación que ha abierto archivos y hemerotecas provinciales e, incluso, el fondo de la Biblioteca Nacional.
Nuevamente encontramos un apoyo fotográfico excepcional gracias a las aportaciones del fondo gráfico que el Marqués de Rioflorido, Juan Viudes, además de las diversas fuentes que durante años han ido plasmando el presente de los vecinos de Almoradí. El libro, que fue presentado ayer, se pondrá a la venta en todas las librerías y quioscos de la localidad el próximo viernes al precio de dieciocho euros.
Enlace al artículo en el DIARIO INFORMACION
Presentación de "Sucesos" en VegaBaja Digital.com
Esta mañana el almoradidense José Antonio Latorre ha presentado su libro “Sucesos de Almoradí”. Se trata de una recopilación de los hechos más trágicos de la historia de la localidad, la gran mayoría desconocidos y soprendentes. Al autor le ha supuesto un trabajo exhaustivo durante más de año y medio, que si bien es cierto, son muchos los años dedicados a reunir documentación escrita y fotográfica, con la ayuda de gente de Amoradí y de archivos como el de la Diputación de Alicante. Ésta, su afición le llevó a publicar hace dos años “Memoria gráfica” con más de 400 fotografías antiguas del municipio.
La nueva publicación de 275 páginas se divide en tres partes. La primera narra capítulos de la historia de Almoradí del S.XIX con el antes y después del terremoto que destruyó la localidad. La segunda parte es una cronología de los sucesos del S.XX; y la tercera parte es un archivo fotográfico de gran calidad gracias a las numerosas imágenes que capturó en su día el marqués de RíoFlorido, Juan Viudes.
A partir del próximo viernes puede adquirir “Sucesos de Almoradí” en todas las librerías, papelerías y quioscos de la localidad.
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La nueva publicación de 275 páginas se divide en tres partes. La primera narra capítulos de la historia de Almoradí del S.XIX con el antes y después del terremoto que destruyó la localidad. La segunda parte es una cronología de los sucesos del S.XX; y la tercera parte es un archivo fotográfico de gran calidad gracias a las numerosas imágenes que capturó en su día el marqués de RíoFlorido, Juan Viudes.
A partir del próximo viernes puede adquirir “Sucesos de Almoradí” en todas las librerías, papelerías y quioscos de la localidad.
Enlace al artículo en VegaBaja Digital
Sucesos de Almoradí (1800-1950)
El próximo martes será presentado en prensa y televisión...
Se trata de una crónica de los sucesos más trágicos ocurridos a lo largo de nuestra historia.
275 Páginas con más de 150 fotografías y documentos, la mayoría inéditos.
A partir del viernes, día 15, podrá adquirirse en kioskos y librerías por 18€.
Gracias a la Concejalía de Cultura por su apoyo en el proyecto.
Todos los datos actualizados en el Evento de Facebok
Moros y Cristianos (2)
Mª José Barberá (Favorita) y Antonio Pérez Roca (Sultán)
Capitanía 1979
Javier Quiles recogiendo el "gorrico" en noviembre de 1978 en el Salón Cañamera
Desfile de 1979
Discurría el año 1978.
Pasado el verano, y después de varias reuniones, decidimos celebrar en el día de San Andrés la Fiesta-Cena del Gorrico, dándoles ese día la bienvenida a los nuevos comparsistas é imponiéndoles el “gorrico” como prueba de gratitud y aceptación en nuestras huestes moras. El Salón de la Cañamera fue el escenario de las efemérides y así persiste hasta nuestros días, siendo el 29 de noviembre la celebración del medio año festero.
El menú consistió en “bocadillos con manteca” de entrantes, Sobrasada de primer plato y cacahuetes de postre.
Se empezó, en sucesivas reuniones, a elegir gorros, trajes, chilabas…No nos poníamos de acuerdo con el color de los trajes, hasta que hartos de discutir dijimos: como el “gorrico” es rojo y la borla negra también lo será el traje del desfile.
Nos enteramos que se estaba gestando una comparsa cristiana. Nos pusimos en contacto con Vicente Rodríguez “el Araña” que era Presidente, y nos sorprendió saber que ya habían entablado contactos con el Rojo de Caudete y con otras organizaciones relacionadas con la Fiesta. Nos fuimos a Caudete y de allí nos trajimos la “cúpula del gorro” con la media luna y la punta de la lanza, posteriormente los herrajes, el casco, la lanza y el mástil de la bandera. En ese mismo año, en el 79, compramos los trabucos.
A Antonio Ruiz Lucas se le encarga que gestione la compra de las chilabas y las babuchas, comprándolas en Ceuta, aprovechando que Juan Miguel Díaz estaba allí haciendo la mili.
Los trajes ya estaban encargados, rojos, capa negra y pasamanería dorada.
Solo faltaba la Kabila.
Octavio propuso el cine Miravete de verano, idea que nos encantó a todos.
La siguiente empresa fue bordar la bandera. Cosme Ruiz y nosotros fuimos a unas monjas de Calasparra que hicieron el milagro de estampar el escudo en nuestra bandera.
Se acercaba la Feria, y los ensayos se sucedían en el polideportivo municipal, y nuestra ilusión consistía en desfilar lo mejor posible. Los cuatro cabos, Paco Martínez el “Culata”, José Maria Hurtado "el cristalero", su hermano, Ricardo Hurtado "el de la cerveza" y Jesús Mellado "el Poto", repetían una y otra vez al ritmo del Ximo como se tenía que desfilar.
El dinero escaseaba, deseábamos que la gente del pueblo se lo pasara bien con nosotros, pero no teníamos dinero para la orquesta. La imaginación, a veces funciona, pues Jesús Gómez, Pepe Naranjo, Poto y Paco Quiles actuaron esa noche para nosotros.
Llegó el dia del desfile, en el que también participaron los Caballeros del Cid. El recorrido era desde la puerta de la CAM hasta el Teatro Cortés y viceversa. ¡Nos salió fatal!.
A la mañana siguiente, íbamos tan contentos con nuestros flamantes trabucos, disparando aquí y allá, hasta que la Policía Municipal se presentó, parece ser que con órdenes muy concretas. Creíamos que los problemas habían acabado con el día, pero no fue así. Por la noche, cuando estábamos bailando en la Kabila, apareció un policía y le dijo al Presidente que el Alcalde quería hablar con él sobre algunos de nosotros, “con los de la pólvora”.
Aquellas primeras fiestas se acabaron, y con ellas, nuestras primeras pesadillas.
Extraído del “Cuento del moro que quiso ser de Almoradí” de Manuel Parres
"FERIA 1928"
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