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El duro trabajo del Cáñamo (1ª Parte)

                                                              Segadores con las garbas

La fecha de inicio para la siembra del cáñamo era la del 19 de marzo, San José, y se alargaba hasta finales de ese mes ó primeros días de abril. Tras la siembra del cañamón (nombre de la diminuta semilla) se le daba un primer riego. Un segundo riego cuando la planta tenía aproximadamente un palmo, llegando a un total de cinco riegos. Era una planta que exigía poquísimos cuidados, por lo que era uno de los cultivos preferido por los huertanos.
Al final se obtenía una planta de unos dos metros de altura que empezaba a segarse por la Virgen del Carmen, el 16 de julio. El procedimiento de siega se llamaba “a remano”, y consistía en tumbar la planta con el brazo izquierdo hacia fuera para arrastrar “la corvilla” a ras del suelo. Cada brazada del segador servía para hacer una garba, que quedaba tendida para secar al sol. A los 4 días se les daba la vuelta con un gancho de madera, para que se secasen por el otro lado. Una vez secas se ataban las garbas y se procedía a la “jargola”.
La jargola consistía en golpear con una”horqueta” las garbas para que se desprendieran las hojas secas. Se hacia en las horas mas calurosas del día porque las hojas del cáñamo se soltaban mejor (recordemos que era agosto).
Con cada dos ó tres garbas se formaba un haz que se ataba con una cuerda y se sumergía en una balsa durante varios días. Para ello se llenaba la balsa por la mitad y se iban poniendo haces de cáñamo en capas sucesivas, normalmente cuatro ó cinco capas. Para evitar que la planta flotase, se le colocaban unas piedras redondas de varios kilos.
Si la temperatura había sido buena se conseguía una buena fermentación en cuatro ó cinco días, y entonces se procedía a renovar el agua cuya operación se volvía a repetir en otros tantos días.
Era muy importante que el cáñamo estuviera “cocido” en su punto, y ese era el momento de “sacar las balsas”. Los “balseros” sacaban los haces y los ponían en posición vertical en grupos de ocho ó diez para que escurrieran el agua con rapidez, abriéndolos en la base (a modo de cabaña india) y creando un curioso paisaje en toda nuestra Vega.
La última operación que se realizaba en la misma huerta después del embalsado era el agramado, que consistía en separar las hebras del tallo de la varilla del cáñamo.
El “agramaor” era el obrero que valiéndose de un instrumento llamado “gramaera” golpeaba y sacudía las garbas para separar las gramisas del tallo de las fibras.
Normalmente era un trabajador por cuenta propia que llevaba su propia “gramaera” al bancal. Al cabo de una jornada podía agramar unas 60 garbas, con una producción media de unos 25 kilos de fibra. Finalmente las limpiaba y las convertía en fardos “aquintalados” de un quintal de peso (43,750 kg.). Este trabajo también se realizaba en las horas de más calor para que la agramiza se soltase mejor.
Como término medio, el jornal diario de un segador estaba en 29 Pts. (1949), y el de un agramador en 35.

Continuará… 


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