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Adrián Viudes Guirao, el aristócrata que trajo el progreso.

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El joven sentado en el suelo con sombrero y traje claro es Adrián Viudes, en un bello retrato familiar a finales del siglo XIX junto al desaparecido puente de hierro del ferrocarril en Las Heredades.
Este aristócrata, político, y principalmente empresario, hijo del III Marqués de Río-Florido, Adrián Viudes Guirao (Murcia, 1880-1973) es un gran desconocido para la mayoría de nosotros, al que sin embargo, le debemos el mayor impulso de bienestar y progreso conocido en Almoradí.
Una gran parte de su niñez la pasó aquí, en Río-Florido, donde su padre tenía extensas propiedades, y donde daría comienzo un proyecto empresarial que acabaría transformando completamente nuestro pueblo.
Aquí heredó una importante finca, la de Sadrián, donde  construyó poco antes de su boda, celebrada en 1907 con Amparo Romero, una imponente casa-chalet que en 1946, ya en estado de abandono, cedió a su amigo y profesor Antonio Sequeros para el tan añorado Liceo Politécnico.
La Quinta Sadrián quedó desmantelada tras la guerra civil, y ésta se reconvirtió en el conocido Liceo Politécnico en 1946.
La Quinta Sadrián, así era conocida esta bella casa solariega, se construyó en puro estilo español entre un inmenso bosque de eucaliptos y palmeras (aún queda alguna detrás del campo de fútbol), y su interior atesoraba bellos muebles castellanos del siglo XV, valiosos cuadros y una importante biblioteca.
Sorprendente vista aérea, de 1929, con un desconocido inicio del Camino de Catral. El círculo más claro corresponde a la enorme Quinta Sadrián, del que vemos salir un camino completamente recto que cruzaba toda su finca hasta sus fábricas, bordeada por la Acequia Mayor y situadas frente al Cuartel y la industria conservera de Cañizares.
En un increíble salto acrobático cambió la aristocracia y su licenciatura en Filosofía y Letras por la venta de sacos de harina, y más tarde, por la fabricación de sus propios abonos químicos marca “Sadrián” que elaboraba frente al hoy cerrado Cuartel de la Guardia Civil, en la llamada “carretera de La Estación” o también calle Canalejas. Curiosamente rotulada con el mismo nombre de calle que su residencia en Murcia… ¿casualidad? 
Anuncio publicado en los años veinte en la prensa murciana.
Aquí se dio cuenta de lo interesante que podía ser el agramado del cáñamo y montó una primera agramadora mecánica con motores de gas pobre, alimentados con la gramiza de la propia planta. 
Con esa energía comenzó a suministrar electricidad, por primera vez  a todo el pueblo, y mas tarde, a todos los de alrededor, aunque para ello tuvo que acabar comprándola a Riegos de Levante…así nacieron las distribuciones eléctricas Sadrián. 
Almacenes de don Adrián Viudes en 1910, actual esquina de la calle Canalejas con Liceo Politécnico
Con la electricidad llegó otro gran negocio: la venta de hielo, producto que también era demandado por toda la comarca. Y con el hielo, las primeras fuentes de aguas potables y la distribución de las mismas a todo Almoradí. Para ello inventó y patentó el elevador SADRIAN, un impulsor centrífugo que elevaba grandes caudales de agua desde la Acequia Mayor hasta sus balsas de potabilización.
Nacía así otra gran empresa: “Aguas Potables Sadrián”.
Adrián Viudes (detrás del monaguillo de la derecha), en la inauguración del servicio de abastecimiento de aguas potables en agosto de 1927.
Pero esto solo fue el comienzo, ya que le seguirían un Molino de pimentón, distribuciones de todo tipo de maquinaria agrícola e industrial…hasta una Caja Rural de Ahorros que fundó junto a Ramón Martínez Grau y Mariano Cortés el día de San Andrés de 1902 ¡la primera de Almoradí!.

Por entonces entró a trabajar en su empresa un joven llamado Manuel Follana López, muy avispado y resuelto, que le pidió a don Adrián ser mecánico y que, tras algunos años en Alicante en su delegación de automóviles (era distribuidor exclusivo desde 1914 de las marcas  “Maxwell”, “Ford” y “Lincoln”),  se convirtió en la persona de confianza y encargado de todos sus negocios en Almoradí, y en un adelantado a su época. 
Los primeros coches a motor que circularon por nuestras calles fueron vendidos por su agencia que distribuía las principales marcas.
Trajo a nuestro pueblo el primer automóvil a motor, y también, ya en la década de los cincuenta, un ingenio presentado en la feria de Bruselas y que él mismo describió como “una caja de madera y cristal por delante al que llaman televisor”. Aquella caja de madera y cristal, situada convenientemente en la ventana de su casa (en la fábrica de la luz), se convirtió en una atracción para todo el que pasaba camino del Liceo.

Los trabajadores de DISTRIBUCIONES ELÉCTRICAS SADRIÁN con el administrador de la empresa Manuel Follana López.
Con la llegada de la guerra civil le fueron expropiadas tierras y negocios.
La finca Sadrián pasó a manos de la Colectividad de Obreros Agricultores que la llamó “Francisco Galán”. El Tribunal Especial Popular le condenó a cadena perpetua por el delito de rebelión y fue encerrado en el Campo de Trabajo de Orihuela, donde organizó la producción de cinturones y cestas que vendía al ejército.
Acabada la contienda intentó fabricar un pequeño automóvil de plástico que finalmente no le fue autorizado. Lo que sí fabricó fueron sus propias motocicletas, las “Sadrián”.
Llegó a ostentar, en 1935, la presidencia de la Confederación Hidrográfica del Segura, y en 1944 fue Presidente de la Cámara de Comercio de Murcia.  
Anuncio de las motocicletas “Sadrián”T17 fabricadas en 125 y 200cc.
Su finca y sus empresas fueron paulatinamente desapareciendo de nuestro entorno. El progreso trajo cámaras frigoríficas que acabaron con la demanda de hielo y las distribuciones de agua pasaron a manos municipales tras el acuerdo alcanzado por el alcalde Guillermo Morales con la familia Viudes y la Mancomunidad del Taibilla, ya al inicio de los años ochenta del pasado siglo.
Recibos de los años treinta de sus empresas de agua y luz
Por entonces ya hacía varias décadas, al comienzo de los sesenta, que la fábrica de la luz se había vendido a la empresa Riegos de Levante, absorbida años después por Hidroeléctrica Española.

En terrenos de su propiedad se construyó, en 1944, el primer campo de fútbol municipal (hoy parte del parque de la “U”), al que seguiría, ya en 1986, el “Nuevo Sadrián” sobre las ruinas del Liceo.
Foto de la inauguración del Estadio Sadrián en 1944. La niña es su nieta María Amparo Albacete Viudes.
De todo aquello solo encontramos el recuerdo de su finca y sus empresas en el nombre del  actual estadio de fútbol; y en un soterrado brazal, que parte desde la Acequia Mayor y que un día regó los extensos viñedos del Marqués, que ocupaban toda la finca.
Su nombre, el de Adrián Viudes, lo encontrarás en la calle que, precisamente, conducía por lo que entonces era un estrecho camino entre naranjos y fuerte olor a azahar, hasta la desaparecida Quinta Sadrián.

Adrián Viudes con su esposa Amparo Romero en 1970

Fuentes: “Ilustres de otro siglo” de Miguel López Guzmán; “Almoradí Memoria Gráfica” de José A. Latorre, Diario “La Verdad”  16, 18, y 21 de junio de 1968; testimonios de Adrián Ángel Viudes, Piedad Espinosa y María Amparo Seva Follana. Archivo fotográfico del propio autor.  







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