Hoy es

Los angelicos del Cielo



En el piso de tierra, justo en el centro de la casa, un pequeño ataúd encierra un ángel que parece dormido por la sonrisa de su boca. Cuatro velas alumbran el cadáver, colocadas sobre cuatro candeleros de metal prestados.
En uno de los rincones, la madre, desolada y triste, sentada en la silla baja de anea, con los ojos hinchados y hartos de llorar, lamentándose:
-El segundo que se me muere, el segundo…pero si Dios lo ha dispuesto…

Su marido, andando a un lado y otro de la estancia, sin soltar palabra. Sus hermanos, dos mozos y una hembra, sentados en el suelo con las cabezas bajas. Las pocas sillas son para las vecinas, aquellas que horas antes, y con manos cariñosas, han amortajado a la criatura.
-Ha sido el Tifus; el agua de la acequia…siempre digo que hay que hervirla. Ya no hay nada que hacer..
Eso es lo que había dicho el médico cuando lo trajeron en carro a medianoche.

Si Dios había dispuesto que una desgracia así, la segunda, cayese sobre esta pobre familia, está claro que era porque iba a gozar toda la eternidad como ángel del cielo. No quedaba otra en la que creer y aferrarse.

Poco a poco la gente del pueblo iba acudiendo, y pronto no quedaban sillas en la porchá, así que se arremolinaban en la puerta, en completo silencio. Unos entraban, miraban a la criatura, enfilaban hacia la madre y le daban el pésame.
 -angelico, que el señor lo tenga en la gloria. Tres tengo yo allí arriba, y a mi Carmencita porque el señor no la quiso…

Otras llegaban con un caldo caliente para que la madre y sus criaturas llenasen el estómago, ya eran muchas horas…
Las campanas anunciaban que era la hora.
Quedaba tapar la caja, cargar con ella, y llevarla hasta la Iglesia para darle cristiana sepultura.
Ahora la pobre mujer se daba cuenta que nunca más vería a aquel hijo de su corazón, y solo acertaba a repetir la misma pregunta:

*Esto que cuento fue muy habitual en un pasado cercano. 
Si preguntamos a nuestros padres y abuelos, seguro que han vivido alguna pérdida así.




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2 comentarios :

  1. Anónimo12:43 a. m.

    Tomas Rodriguez Gomez
    los abuelos... y los que no lo son tanto, pero en mi caso el piso no era de tierra.

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  2. Anónimo12:43 a. m.

    Lf Alhama:
    Eso es el dolor más grande para una madre, unos padres, perder un hijo, es el dolor más grande [dios nos libre], pero si se k mi madre nunca olvidó a su hija de días muerta, pero seguro k ya estará con ella

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