En Navidad el Pavo

Diarío Información 22 de diciembre de 1963

Recuerdo que mi padre criaba el pavo para Navidad, costumbre que, creo, casi se ha perdido. Era un ritual subir a la terraza para ayudar a matarlo y desplumarlo. Reconozco que era bastante cruel, pero...y lo bueno que estaba?
En los últimos años se lo compraba a alguien de la huerta que se dedicaba a criarlos, y ya se lo daban muerto y desplumado.
Ahora, como mucho, se compra en la carnicería.

Robo en el día de los Inocentes

Publicado en el diario "El Liberal" el 31 de diciembre de 1926

Gastos Municipales de hace 218 años...

Éste "Compendio de los Juzgados Militares" fue comprado por el Ayuntamiento de la Universidad de Almoradí el mismo año de su edición, nada menos que 1793.


Recibí por mano de don Tomás Martínez 60 Reales de Vellón por la obra titulada "Compendio de los Juzgados Militares" 3 de julio de 1793

Escuela de D. Manuel Pineda


Alumnos: fila de arriba (siempre de izquierda a derecha y a riesgo de equivocarme):
1- José Birlanga 2-Javier Quiles 3-José Maria ?  4- Constantino Birlanga  5-Gabriel García 6-Paco Andreu
Sentados: 1-Salvador Solano 2-Gregorio Miravete 3-"Salvaoré" 4-Raul Illescas  5-José Arenas

"La memoria no guarda películas, guarda fotografías"(Milan Kundera).
Tengo curiosidad por conocerlos a todos, profesor y alumnos. No parece preocuparles los problemas de la ratio, ni siquiera la falta de calefacción. Seguro que sus libros son prestados ó de sus hermanos mayores. Las carteras (que no mochilas) les duran varios cursos, y los bocadillos saben a gloria.
Fijarse bien, como en los dibujos de Wally, y si reconocéis a alguien, decírmelo.
La fotografia está tomada en el año 1941 y corresponde al maestro D. Manuel Pineda en las Escuelas Nuevas, actual Cruz Roja.

La escuela de Don Esteban

Escuela de Don Esteban, curso 1970-71
Establos adosados en el Mercado de Ganados, y durante algunos cursos, patio de recreo.

Desde primero hasta tercero el maestro fue Don Esteban, en cuarto la señorita Pilar y en quinto Don Manuel Galant. El colegio estaba en la antigua calle General Sanjurjo, ahora Antonio Sequeros.
De allí pasamos, en sexto curso, a las instalaciones del Mercado de Ganados. Al patio salíamos a jugar a un enorme recinto donde había varias naves cubiertas, pero sin cerramientos laterales y multitud de establos adosados.
El séptimo curso lo hicimos en un local sin ventanas, enfrente de Iberdrola (en la misma calle España), con más de sesenta alumnos, y por fin, ya en octavo nos tocó la inauguración del nuevo Canales y Martínez. No hubiera sido justo acabar la EGB sin haber pisado un colegio de verdad, como sí lo habían hecho nuestros hermanos mayores en el antiguo Grupo Escolar ó en el Santa María de la Huerta..
Inauguramos el Canales y Martínez, ¡casi nada!, pero además éramos los mayores del colegio. Y no sólo eso, por primera vez había chicas en la clase, y con la edad que teníamos, todos bajamos en las notas, si es que no estábamos en lo que teníamos que estar...

(José Vicente Martínez Botella, en el programa de Feria de 2008)

"CON USTEDES: EL GRAN CUGATTI"











Cugatti en 1935




“SEÑORAS Y SEÑORES, CON USTEDES….EL GRAN CUGATTI”

¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo¡ Así se presentaba este sueño ambulante de “carromatos” en busca de un amplio solar donde montar su carpa. Y así fue como en los años 20 se instaló en el “Corralón” (como llamaban al solar de la calle San Francisco, ocupado en parte por los restos del Convento) el gran Circo Caprani, todo un acontecimiento en una época en la que apenas existían otros espectáculos. El éxito fue tan grande que tuvieron que prolongar durante bastante tiempo sus representaciones.
Mientras el Circo se mantuvo en nuestro pueblo un chico de apenas quince años (había nacido en marzo de 1907 en la actual calle Luís Buñuel), Jesús Amorós Penalva, conseguía todos los días colarse en los ensayos de los espectáculos, y todos los días soñaba con llegar a ser “la Gran Estrella del Caprani”. Lo cierto es, que a pesar de la negativa de sus padres, con la marcha del Circo también lo hizo para siempre nuestro vecino.
En 1931 se casó en Chiva (Valencia) con Ana Caprani y pasó a formar parte de la cuarta generación de uno de los circos más antiguos de Europa. Su nombre artístico se lo debe al de otro antepasado, payaso como él, de la familia de origen italiano Caprani.
La vida de un payaso, como la de todos, está llena de Risas y Lágrimas. Vio morir a tres de sus cuatro hijos (de uno, diez y once años). Le tocó luchar y tener la “fortuna” de ser uno de los pocos supervivientes de las matanzas de Paracuellos del Jarama en la Guerra Civil, consiguiendo huir y llegar descalzo hasta Valencia.
Después la posguerra, el hambre y la miseria de una época en la que la llegada de un Circo era todo un acontecimiento. Jesús, convertido ahora en “El Gran Cugatti” un payaso bonachón y algo despistado, de redonda nariz y enorme talento musical, había visto cumplido el sueño de ser la gran estrella del Caprani.
El oficio de payaso, el hacer reír, tenía entonces un valor que quizá ahora anda un poco devaluado, pero que para los niños de los años 40 representaba todo un alivio y felicidad. El circo era entonces un mundo en si mismo, una familia donde la trapecista hacia la comida para todos, donde el mago se encargaba de asegurar las lonas y el payaso, nuestro payaso, tenía que contar la recaudación y hacer milagros con ella.
En los años 50 llegó a dirigir su propio circo, el “California”, y con él volvió a visitar su pueblo, Almoradí. Lo curioso es que lo hizo con su hija, Ana Mari, que entonces tenia los mismos quince años con los que mucho tiempo atrás él se había marchado. Quien sabe si fue el destino el que quiso que un fuerte vendaval destrozara la lona de la carpa y que “tuvieran que prolongar su estancia en nuestro pueblo durante bastante tiempo”.
Jesús Amorós, el gran “Cugatti”, murió en Valencia en octubre de 1992. Hasta poco antes de su muerte estuvo actuando como pareja artística de Pedro Ortega “Pery”.
Detrás del maquillaje de payaso que le acompañó durante toda su vida siempre estuvo una gran persona entregada a conseguir una sonrisa, y por ello creo que es justo hacerle el reconocimiento que la memoria de nuestro pueblo había olvidado.


Publicado en el libro de Feria 2009


Policía Local


Aunque la plantilla actual de la Policía Local es superior a la treintena de agentes, como es lógico, no siempre fue así. Al empezar la guerra civil había cinco guardias y un cabo, que fueron expulsados y de nuevo reingresados en el puesto una vez acabada la contienda. Estos guardias hacían labores de serenos y porteros, además de pregonar los bandos municipales.
Han sido tres los cabos municipales reconocidos en los Archivos: Salvador Mirete, Andrés Eugenio (del que acompaño una entrevista realizada en 1978) y Teodoro Martínez.
Actualmente el Inspector Jefe es José Antonio Segura, que ingresó en la Policía Local en 1991.
                                            

                                                      

El "60.076", un número para no olvidar


Pincha sobre las imágenes para verlas en grande
A las doce menos cuarto del 22 de diciembre de 1980 era cantado por los niños de San Ildefonso el número 60076. La administración nº 1 de Almoradí repartía íntegramente el gordo de Navidad, doscientos cincuenta millones por serie, en total se vendieron 35 series que hacían un total de 8750 millones de pesetas (52 millones y medio de €).
Si quieres saber más sobre la administración que lo vendió, visita...
http://www.loteriasalmoradi.com/nosotros.html

Semifinal copa “amateur” del Generalísimo (ida)



(Diario Información, 9 de junio de 1945)


En toda la Vega Baja del Segura y muy especialmente en Almoradí y pueblos limítrofes, existe extraordinaria expectación ante el partido de semifinales de la Copa del Generalísimo aprofesional que el domingo librarán en el Estadio Sadrían de ésta localidad, el Almoradí y el Barcelona, actual equipo campeón de España “amateur”.
Ayer, jueves, celebró un entrenamiento a fondo el equipo local, señalándose el once que ha de enfrentarse a los catalanes en el encuentro más trascendental que se ha jugado en Almoradí desde que por aquí existe afición al fútbol.
El Almoradí se prepara con enorme entusiasmo, consciente de la valía del enemigo que ha de oponérsele, y a ese efecto ha dirigido un llamamiento a la afición provincial para que acuda al campo de Sadrián a animar y contribuir, con su ayuda económica, al esfuerzo extraordinario que ha tenido que realizar el “once” alicantino para llegar a estas semifinales de tanta emoción deportiva.


El equipo que se enfrentó al Barcelona (fotografía hecha el 27-5-1945 en el partido de cuartos de final contra el CD Manchego de Ciudad Real)


El resultado final de éste partido de ida fue de empate a tres

Almoradí "Memoria Gráfica" en el diario Información

La imagen de la Iglesia muestra la  única torre en plena reparación, y el aspecto del entramado urbano. José A. Latorre

Enlace a la noticia:
Un siglo de Almoradí en la retina colectiva

"Memoria gráfica".
Los más jóvenes de Almoradí ven asombrados cómo eran la vida familiar, el ocio, las artes, los transportes o el urbanismo hace más de cien años. La recopilación de fotografías de José Antonio Latorre les permite ver el pasado. Y a los más mayores, recordar cada etapa de su vida y reencontrarse con amigos.

E. G. BROTONS
Los objetos cotidianos se vuelven joyas con el paso de los años si, como en este caso, tienen la facultad de activar la máquina del tiempo y hacer revivir otras épocas. Es lo que consigue el libro "Almoradí, Memoria gráfica. 1885-1975", una colección de imágenes que repasan casi un siglo de historia de la localidad y que han sido cariñosamente recopiladas y rigurosamente contextualizadas por el vecino -también fotógrafo- José Antonio Latorre.


"Lo que realmente me ha gustado siempre es la Historia", cuenta el autor. Lo de la fotografía apareció en su vida más como una cuestión sobrevenida, como un soporte documental muy útil para conocer más sobre el pasado de su pueblo, que era lo que le interesaba. Y la imagen le atrapó, al final, primero aficionándole a colocarse detrás de la cámara para atrapar instantes (de hecho ganó un concurso local en 2009 con la imagen "Almoradí su huerta y escenas cotidianas"); y últimamente involucrándole en este proyecto que ha tardado en gestarse tres años y en el que han participado decenas de familias de la localidad, jóvenes y mayores que han donado al autor fotografías antiguas sacadas de los álbumes familiares. Latorre celebró varias exposiciones en la localidad a las que la gente solía responder con "yo tengo una foto de esa época...". Y así la colección fue creciendo.


Una vez editado y a la venta (en quioscos y papelerías del municipio, por 18euros), el libro es un compendio de 350 fotografías antiguas que se remonta hasta 1885, todas presentadas en blanco y negro y ordenadas tratando de simular "un paseo por Almoradí". Así, el índice se estructura por zonas o temáticas tales como "la plaza y el mercado", "casino, teatro y cultura", "calles o lugares", "ferias y fiestas"... José Antonio Latorre explica que cuando se planteó cómo ordenar las fotografías descartó el sistema cronológico rápidamente: "Lo interesante era ver la comparación del mismo lugar con el paso del tiempo". En las páginas del libro se pueden ver, no en vano, la misma esquina, la misma perspectiva, a principios, mediados y finales del siglo XX. Y no sólo eso, sino que además este concienzudo trabajo investigador asegura para las próximas generaciones las imágenes, pues también las ha digitalizado y retocado.


Unas fotografías son bastante personales y muestran a grupos de amigos pasando un día de Pascual o a tres hermanos en una atracción de feria en 1955. Otras andan a medio camino entre el valor emocional de ver la niñez de un familiar y la capacidad de contar cómo era otra década. Es el caso de dos hermanas jugando con su Mariquita Pérez a finales de los 50 o de una familia al completo tras el mostrador de su típica tienda de tejidos y confecciones de los 60. Las costumbres de casi un siglo se recogen en el libro: Pruebas de arrastre en 1957, conjuntos musicales de los 60, el teatro de los años 40 o los días de mercado a finales de 1900.
La nevada de 1954, el segado del cáñamo o carreras en Biscouter
Aunque muchas sean estampas cotidianas, los momentos más importantes de la historia del pueblo están documentados en imágenes. Las carreras de cintas se hicieron en los años 40 y 50 en "Biscouter"; están en el libro los primeros coches, los trabajos de recogida de cáñamo, los espectáculos de variedades, el matadero desaparecido, la nevada de 1954, la inundación de los 50, las procesiones de la Centuria en Semana Santa o el viejo puente de piedra hasta 1929.

Sin duda las imágenes más valiosas son las más antiguas, las de finales del siglo XIX y primeros años del XX, que en muchos casos son inéditas y que el autor agradece a la familia de Don Juan Viudes y Pascual de Riquelme, IV Marqués de Rio-Florido (1871-1943), quizás el primero que tuvo una cámara en el pueblo. En los pies de foto y textos intercalados se combinan anotaciones del autor, citas a historiadores locales como Luis Martínez Rufete o recortes de prensa desempolvados de las hemerotecas.

Con los peques a Los Pinicos




En los años 50 también los niños iban de merienda con su propia cesta y con la ropa de los domingos.
¡Para comérselos!

"Coleccionismo Insólito"

Publicado en el diarío INFORMACION en 1975
Seguro que muchos le recordaréis, ya que incluso apareció  en el programa de José Maria Iñigo.

Gymkhana "Biscouter"







 El 27 de julio de 1956 se celebró en el estadio Sadrián esta gran “gymkhana automovilista de Biscouter”.

En 1953 se creó la empresa Autonacional, que se encargó de fabricar el Biscouter Voisin, diseñado por Gabriel Voisin, y que también aparece en el folleto publicitario.
El primer prototipo se presentó en la feria de muestras de Barcelona en 1953, y su fabricación en serie comenzó con el modelo 100 (que vemos en la fotografía).Tenía la carrocería de aluminio descubierta, capota de lona, asiento corrido para dos personas, 240 kg. de peso y 76 Km./h de velocidad punta.


El que vemos, matrícula A-273 era propiedad de nuestro vecino, don José Martínez Gómez, que participó en la gymkhana acompañado de su hija, Mari Carmen Martínez.

(Gracias, Pepe)

Nevada en Almoradí



A principios de febrero de 1954 una ola de frío glacial invadió la Península nevando en ciudades como Alicante ó Murcia (aunque la nieve no llegó a cuajar). Sin embargo, sí lo hizo en Almoradí.

Aquellos maravillosos años



Fotografía  realizada a principios de los setenta en el Mercado de Ganados.


De pie ( siempre de izquierda a derecha):
1-don Juan Miguel 2-Don Esteban 3-Don Javier 4(arriba)don Vicente Nebot 5-Antonio Martínez Nieto 6(arriba) don Pedro Miralles- 7-José Domingo 8-Antonio Guirao(?¿) 9- ¿? 10-don Manuel Galant 11-Javier Cañizares 12-Eusebio 13-Ortíz 14-Luis Mira Ñiguez 15- Jaime Mazón 16-José Luis Campillo 17-Ramón Martínez (Rambla) 18-¿? 19-Victor 20-Paco Valero


Sentados: 1-Obdulia Conesa 2-¿? 3-Loli Carmen Nebot 4-Ana Diego 5-Mª Carmen Pérez 6-Constancia Mira 7-don Daniel Miller 8-Fina Clemente 9-Mª Carmen Montesinos 10-Inmaculada Berenguer 11-Mª Teresa Birlanga 12-Rosario Gea 13-Juan Pascual Valdés 14-Luis Martínez (chapista) 15-Miguel Martínez (Rambla) 16-Francisco Monje

Salvo error.
Gracias, Constancia.

Clase de Doña Cándida


Doña Cándida Grech (1884-1972) con el grupo de niñas de las "Cándidas", como era conocida su clase. Ejercía como maestra de la escuela privada del "Sagrado Corazón". Fotografía hecha en 1934.

"Las cinco Tahúllas"


José Martínez
Pepe suele venir a dar una vuelta por las mañanas, a su huerta, ó mejor dicho, lo que queda de ella. Sus cinco tahúllas se habían reducido a dos. Le dieron una miseria para que pudiese pasar la autovía, y se la partieron, con un doloroso hachazo, en dos
ridículos trozos. El trozo que se quedó en el lado de Dolores finalmente acabó por malvenderlo. ¿Para qué quería un trozo de tierra separado por una carretera de cuatro carriles?
Finalmente tuvo que conformarse con lo que le quedó, a sus setenta y cuatro años no tuvo ganas de pelear, además lo tenía perdido de antemano. Ahora dicen que hasta van a construir un centro comercial justo por la parte que le queda.
Bueno, -piensa- que hagan lo que quieran, su hijo ni siquiera se acerca por allí, así que si le saca algún duro, pues mejor.
Suele ponerse su sombrero de paja y sentarse junto a la caseta de aperos, mirando cómo crecen las pocas matas de alcachofas y habas que tiene plantadas, sólo para el consumo de la familia, y allí suele quedarse hasta el mediodía, así no estorba en casa y su mujer
no tiene que “obligarlo” a ayudar en las tareas.

Era el segundo de cuatro hermanos, aunque sólo quedaba él. Nació el mismo año que comenzó la guerra, 1936. De ella, no recuerda nada, era muy pequeño, pero su padre le contó mil historias, siempre de otros, nunca de él mismo. Se lo llevaba a la “Almaina”,
como llamaba a su bancal por estar pegado a la finca de ese nombre, en la bicicleta y allí hablaban durante horas. El sabía que su padre se las inventaba, pero daba igual, le gustaba escucharlas. A veces le daba pequeñas pistas de lo mal que tuvo que pasarlo, de
lo mucho que odiaba a Franco. Si hasta una vez, cuando tenía diez años, le dijo que iba a coger la escopeta y pegarle cuatro tiros aprovechando que iba a pasar por el pueblo*.
(*En abril del 46, a consecuencia de unas riadas, Franco visitó la Vega Baja)

En realidad no le importaba mucho haber perdido la huerta, si acaso por el recuerdo, porque nunca había tenido que depender de ella. Sí estuvo trabajando en el cáñamo alguno años, con su padre, pero cuando la fibra sintética acabó por cargárselo, se pasó a la alcachofa, sin embargo, cuando vio la oportunidad de meterse en la industria del mueble no la desaprovechó, y allí se quedó hasta que empezaron a cerrar las fábricas.

Con cerca de cincuenta años le tocó aprender el oficio de albañil y como tal se jubiló.
Los últimos años había estado a las órdenes de su hijo, quien lo iba a decir, metido a promotor, aunque ahora se preguntaba si su hijo no tendría que volver a la huerta y comer de lo que plantase.

Manuel Francisco Martínez (1914-1998) Padre
Manuel murió de pura vejez, ochenta y cuatro años, y derrotado por la guerra y por la vida. Su mujer y tres de sus hijos lo hicieron antes que él. De su vida recuerda muchas fechas, especialmente un 18 de marzo de 1936 cuando fue llamado a filas y destinado a
Alcoy. De allí al frente de Madrid, entrando en las operaciones de Brunete y atacando Villanueva del Pardillo. Murieron muchos compañeros, algunos de su pueblo,
Almoradí, y cogieron a 700 prisioneros. Después nueve meses en las trincheras, entre nieve y bombas, y por fin un permiso para volver a casa. Su hijo, al que no conocía, salió a recibirlo por la “verea”.
Sólo estuvo el tiempo suficiente para volver a dejar embarazada a su mujer y enterarse de lo que había pasado el 6 de agosto del año
anterior, de la quema de los Santos en la Iglesia y las Ermitas, de lo de las campanas…
Él siempre se había sentido republicano, pero esto no podía entenderlo. Finalmente acabó en el puerto, de allí al Campo de Albatera y después más cárcel…cuatro largos años. Cuando volvió sus hijos ya no lo conocían, y tuvo que ganárselos contándoles
historias de la guerra, de lo “bien” que lo había pasado, nunca debían saber la verdad, el dolor, el sufrimiento…

Su mujer supo sacarle provecho a las cinco tahúllas de la “Almaina”, y durante la posguerra le sirvió para que no les faltasen patatas y verduras, así que sentían su huerta como parte de ellos. Cuando Manuel volvió de la guerra plantó cáñamo que mantuvo
hasta que lo prohibieron en los años sesenta. Era un trabajo duro, muy duro, pero agradecido. Podía guardar los quintales hasta que tuviesen un mejor precio y así ganarle unos buenos duros.

José Martínez (1873-1934) Abuelo
José siempre se sintió afortunado. Su padre, además de las cinco tahúllas de la Almaina, le había podido dar estudios en Orihuela, y eso, pudo abrirle muchas puertas.
Era socio del Casino y consiguió meterse en el Ayuntamiento y ver en primera persona los grandes cambios que en aquella época se llevaron a cabo en Almoradí gracias al buen trabajo del alcalde, señor González. Conoció la llegada de la electricidad, y estuvo, en el 27, en la inauguración de las aguas potables (uno de sus hijos había muerto de tifus).
Conoció los primeros automóviles que traían los Marqueses de RioFlorido desde Alicante, y desde luego, estuvo en las primeras filas del Teatro cuando se inauguró en 1908.
Desde entonces no solía perderse ninguna obra ó zarzuela. Hasta tenía fotografías con los más importantes cantantes de la época que visitaron el Teatro.

De entre todos aquellos recuerdos, siempre presumía de haber estado en los combates de boxeo que se celebraron en el Cortés, pero sobre todo, de haberse encargado de traer a Almoradí los
primeros aparatos “Minimax” para la extinción de incendios y haber hecho una gran demostración de ellos en los solares de la calle San Emigdio.
Vivió unos años algo convulsos, políticamente hablando, ya que tuvieron que salir de mala manera del ayuntamiento con la llegada de la segunda República. Pensó que se acabarían las fiestas religiosas, pero don Aquilino (el nuevo alcalde republicano) fue muy respetuoso y mantuvo todos los actos. Murió poco después de las elecciones generales del 33, incluso fue testigo del crimen del mitin del campo de futbol, donde fue asesinado José “El manqué”.

Dionisio Martínez (1852-1931) Bisabuelo
Dionisio siempre estuvo ligado a la huerta, a sus cinco tahúllas y a muchas otras que llevó a “rento”, y a su pueblo, especialmente a la Iglesia y a la Feria.
Participaba activamente en el Prendimiento de Jesús en el Huerto, con la Sección de “Armaos” que brillantemente capitaneaba don Francisco Mellado.
Sólo había estudiado hasta los doce años en la escuela del estado de la calle Donadores. Vio llegar el ferrocarril, en 1884, y con él innumerables cambios, pero no siempre buenos. Fue un firme defensor de la huerta, de ahí que no faltara para defender sus viñedos en el “meting” de enero del 92 (1892), aunque finalmente, la “filoxera” le obligó a arrancarlos. Tampoco faltó al de
1908 en defensa de las aguas del río que se celebró en el recién abierto Teatro Cortés.
Junto a la Semana Santa, su otra debilidad era la Feria. Tenía un caballo con el que participaba en las carreras de cintas que se organizaban por las fiestas, y siempre era el que más cintas ganaba.

De sus tres hijos, sólo el varón se llevó estudios, y era del que más orgulloso estaba. La huerta se la iban a repartir sus hijas, pero el hermano mayor, con más posibilidades, les pagó su parte.

José Martínez (1821-1883) Tatarabuelo
José vivió una vida dura, muy dura, siempre ligada a los recuerdos de su infancia.
Con nueve años le tocó ayudar a desescombrar su casa y sacar el cuerpo de su padre y su única hermana. Fueron llevados en una especie de “camilla” a enterrar al Camino del Río y vio como los echaban a una gran fosa y después el cura decía unas palabras que él no entendía.
A su madre se la llevaron en carro a Orihuela, al Hospital, y él tuvo que quedarse con sus tíos casi tres años, en una barraca del “Camino de Catral” que se habían construido.
Nunca pudo olvidar aquella tarde del 21 de marzo del 29 (1829)..
Recuerda que su madre siempre estuvo muy agradecida al Obispo, que le volvieron a dar una casa, aún más grande que la que antes tenían y que recibió mucha ayuda.

José ya no volvió al colegio, sólo había ido dos años, suficiente para saber de cuentas y salir adelante, además tuvo que cuidar el resto de su vida de su madre, “impedida” de las piernas tras el terremoto.
Se casó y tuvo nueve hijos, cuatro murieron nada más nacer, pero los demás salieron adelante. Se quedó a vivir en la misma casa de su madre, y hasta pudo comprar cinco tahúllas muy cerca de la finca la “Almaina”, cerca de El Saladar, y plantarlas de viñedo.
Cuando le tocó hacer la herencia, la tierra se la quedó su hijo Dionisio…

"Los terremotos de 1919"

La torre del Ayuntamiento y la de la Iglesia tuvieron que restaurarse.


En la revista "Nuestro tiempo" del mes de noviembre de 1919 se podía leer:
"La provincia de Alicante figura entre las mas sismícas de la Península, existiendo en la misma varios epicentros. La zona mas notable es la que abarca a Torrevieja y sus alrededores, asolados por los terremotos de 1829. En Torrevieja se sintieron hasta 12 temblores el pasado 10 de septiembre, mientras que en los demás sitios, incluyendo Dolores y Almoradí, solo se dieron cuenta de seis ó siete."