Foto de "Recuerdos de Infancia" de Antonio González
Ésta labor consistía en quitar las hojas a la panocha del “paniso ” (maíz), aunque se tenía la curiosa costumbre de reunir a todos los vecinos en el lugar donde se almacenaba para ayudar de manera desinteresada en la “despellorfá”, convirtiéndose en una verdadera fiesta donde se cantaban canciones populares, contaban cuentos y chistes. También si a alguien le salía una panocha “colorá” se le permitía dar un beso a quien eligiese, en cambio, si el grano era morado se le daba un pellizco, "inocentes pellizquicos de cielo".
Existía la picaresca de ponerse junto a la chica que le gustaba para poder darle el beso, aunque para ello tuviese que estar muchísimas horas "despellorfando", pero cuando ésto ocurría, se armaba un gran jaleo de asientos volcados y mozas corriendo; un enorme griterío y un chorro de risas; risas, inocentes risas, "relámpagos de gloria...."
Los dueños del maíz solían corresponder a la ayuda con patatas asadas o buñuelos, y la felicidad era completa.
Del panizo se aprovechaba todo: el grano para hacerlo harina en los molinos; los "zuros" para encender las lumbres; las "perfollas", que eran las hojas más blandas, para rellenar colchones.
Con los pelos de las panochas se hacían barbas y bigotes para las representaciones escénicas; algunas mujeres los metían de relleno en los cojines, o de su cocción obtenían el bálsamo para curar el mal de orina.
Con los pelos de las panochas se hacían barbas y bigotes para las representaciones escénicas; algunas mujeres los metían de relleno en los cojines, o de su cocción obtenían el bálsamo para curar el mal de orina.


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