La figura del MACERO en Almoradí

Maceros de Albacete a principios del pasado siglo
El Macero es uno de los grandes, y a la vez, desconocidos personajes que forman parte de nuestra historia.

Se trataba de un funcionario municipal que encabezaba todas las solemnes comitivas y simbolizaba el poder de la autoridad, llevando en su mano una maza. Su origen es muy antiguo, y en nuestro pueblo ya aparecen referencias a su figura a finales del siglo XVIII.


En 1796 se solicita la compra de una nueva cota para el macero (la “cota” era un tipo de vestidura o armadura militar) y que debido a los muchos años que tenia se encontraba ésta algo rota, descolorida é indecente, por lo que era preciso cambiarla para el día de Ntro. Patrón San Andrés.
El 14 de octubre de 1796 se aceptaba el presupuesto de la nueva cota firmado por el “Sastre de la Villa” Pedro Martínez y que constaba de: Diez varas de Damasco Carmesí para ella, mangas colgantes y pechos; dos varas de Tafetán doble carmesí; dos barras de lienzo para el forro y por los recados y mano de obra de todo hace un total de 37 libras.
El color predominante en éstos trajes era el rojo, en todos los reinos cristianos se usaba este color.
ºEncuentro referencias a éste personaje a lo largo de toda la primera parte del siglo XIX.
En principio, los maceros aparecían exclusivamente en las ceremonias solemnes de los reyes, como símbolo de la autoridad del soberano; no obstante, con el tiempo, también las instituciones que poseían autoridad -bien fuera por delegación real, como las audiencias, o por representación propia, como los ayuntamientos- pudieron hacer uso de ellos en sus solemnidades, como personajes alegóricos de su jurisdicción; más adelante, se amplió la concesión de este privilegio a otras corporaciones y organismos como las universidades o las diputaciones, en cuyos actos oficiales aún suelen aparecer.

Escuela de doña Dolores Moñino

Escuelas Nacionales, año 1944 (apróx.)

Cedida por Antonio Manzanera Martínez.
Alguien se reconoce?

D.José Montesinos Pérez Martínez de Orumbella

Documento en el que Montesinos pide licencia para establecer una escuela de primeras letras y latín en Orihuela ó cualquier pueblo cercano, por resultar insuficiente la pensión que cobra para mantener a su numerosa familia.

Página 735 del Compendio Histórico Oriolano donde comienza la Crónica sobre Almoradi
Entre 1791 y 1816 Don José Montesinos Pérez Martínez de Orumbella (1745-1828) realizó su monumental obra titulada “Compendio Histórico Oriolano” (cuyo original se encuentra actualmente en la Caja Rural de Orihuela, propietaria desde 1982 de 19 de los ejemplares). Dicha obra consta de 20 volúmenes, de ochocientas a mil doscientas páginas cada uno, y está manuscrita y realizada en tamaño folio.
Nunca llegó a ser publicada y permaneció durante años en manos privadas y anticuarios. De hecho, y conforme iba terminando los volúmenes, se los iba comprando Juan Roca de Tagores, a quien el autor se los vendía para atender sus necesidades.
En ella se incluye su “Crónica de la Ilustre Universidad Regia de Almoradí” (folios 735 al 836) y todas las poblaciones de su Obispado, aportando innumerables é interesantes datos sobre nuestra localidad, que suelen ser referencia en todos los trabajos sobre la historia de nuestro pueblo.
De hecho, si exceptuamos la visita Pastoral que llevó a cabo el Obispo Herrera el 24 de febrero de 1829, es de los escasos documentos que se conservan sobre la historia de Almoradí antes de los terremotos.

En la página que el Ayuntamiento dedica al origen de nuestra localidad cita la obra de Montesinos como lo que “ha resultado ser una mezcla de historia, leyenda y mito, y no podemos establecer su veracidad, dadas las circunstancias”.
Esto me ha llevado a querer saber y compartir quien era este personaje y que veracidad se le puede atribuir a su obra.

Hijo de una familia humilde, intentó ingresar en el ejercito con escaso éxito, de igual modo lo intentó con la Iglesia, aunque fue finalmente los estudios los que le dieron la oportunidad de ascender socialmente.
Metido a poeta y cortejador de damas, una noche recibió dos disparos, de los que salió milagrosamente ileso, buscando en agradecimiento el refugio de la religión. De esta manera se dedicó, retirado del mundanal ruido, al estudio de los Santos Padres y de la Biblia.
Historiador y escritor, cursó estudios de Artes en la Universidad, en la que ejerció como maestro, alternando su cátedra de Latinidad.
Se casó en tres ocasiones y llegó a tener trece hijos, lo que le llevó en reiteradas ocasiones a solicitar un aumento en su sueldo (hay un interesante documento en el que solicita licencia para la apertura de una escuela por resultar insuficiente su pensión).
De hecho, nuestro catedrático, solicitó en 1793 (con 48 años) su “sospechosa” jubilación al Consejo de Castilla alegando algunos achaques, certificados por médicos, como una ciática que le impedía ejercer la docencia, y reclamando su derecho a percibir su sueldo integro. De esta manera pudo dedicarse completar su obra histórica.

Esta es la valoración que de su obra realiza D. Mario Martínez Gomis (Profesor de Historia moderna de la Universidad de Alicante):
“El análisis realizado de su compendio histórico pone de relieve el reducido valor de todo cuanto atañe a los apartados de arqueología é historia antigua. Basado en fuentes de escasa credibilidad y dando pábulo a todo tipo de fabulaciones. Las monedas que dibujó, por ejemplo, tienen inscripciones trasladadas de emplazamiento. Tan sólo las referencias que hace sobre hechos relativos a la época en que vivió merecen nuestro crédito, así como determinados aspectos descriptivo-geográficos de la zona”.

Bueno, cada uno tendrá que sacar sus propias conclusiones, pero no cabe duda, que es de agradecer su aportación histórica -a menudo exagerada- al conocimiento de nuestro pasado.
Fuentes: Doctores y escolares: Actas del II Congreso Inter. De Historia, de D. Pedro Ruiz Torres.
La Universidad de Orihuela 1610-1807, un centro de estudios superiores, de D. Mario Martínez Gomis.

El conocimiento del medio en 1878

De las numerosas descripciones sobre Almoradí que se han publicado a lo largo de su historia, ésta quizá sea una de las menos conocidas, pero no por ello menos interesante.
En 1878 el maestro con titulo “de Escuela Superior” Orozco Sánchez escribió este curioso libro de lectura para las escuelas de instrucción primaria titulado: Manual Geográfico-Estadístico de la Provincia de Alicante.
Estas son algunas de las recomendaciones, al inicio del libro, que daba a “sus compañeros” para el correcto uso del Manual:
“Iniciar a la tierna infancia en el conocimiento de la provincia de Alicante, situación geográfica y población es el objeto de este libro.
Después de haber leído todos los niños de la sección toda la lección, previamente señalada, debe el profesor hacerles repetidas preguntas sobre los extremos que contenga, y la experiencia les convencerá de la bondad de este procedimiento en su aplicación.”
El libro hace un repaso por las más importantes poblaciones de la provincia, y en el caso de Almoradí, acaba con la biografía de nuestro hijo celebre, D. Tomas Capdepón (fallecido justo un año antes de la publicación de este manual).
Creo que vale la pena que ampliéis la imagen para leer la descripción que se hace de nuestra localidad porque está realizada apenas cuarenta años después de los terremotos, y porque nos da una idea clara de cómo era nuestro pueblo en esos años.

La Plaza Mayor (1ª Parte)

A lo largo de sus 180 años, nuestra Plaza ha cambiado su aspecto en multitud de ocasiones; por su altura, pavimentación, por las farolas, por los árboles, por los bancos ó por el propio entorno.

La primera Plaza de la que se tiene documento gráfico, estaba elevada un metro sobre el nivel del suelo y tenía cuatro accesos delimitados por cuatro columnas. El piso era de tierra apisonada, los asientos eran rústicos de piedra y el recinto en lo alto estaba cercado por un enrejado artístico. Había un gran arbolado y el alumbrado era de carburo y petróleo (a partir de 1908 se establece la “fabrica de la luz” y se contrata el alumbrado).

 Plaza Mayor construida tras los terremotos
Aunque siempre la hemos conocido como “El Paseo”, la primera denominación oficial con que se le conoce es el de SM. Alfonso XIII, posteriormente del Generalísimo y por último el de “La Constitución” .
A partir de finales de la primera década nuestra Plaza sufre un profundo cambio. Desaparece su distinto nivel y se planta un nuevo arbolado, como se puede comprobar en la fotografía de 1919 que acompaño, teniendo ya las nuevas columnas con las farolas y también nuevos bancos, construidos con tablas gruesas de madera y una estructura de hierro.
En 1930 se anula el tráfico por delante del Ayuntamiento y tres años después por delante de la Iglesia.
                        (La Plaza en 1915 (aún no se habían cambiado los árboles)     

Fotografía publicada en el diarío "Ecos" en 1919

Algunos de los edificios ya son de dos plantas.
Fotografía publicada en el diarío ABC en marzo de 1935

(Gracias a don Luís Martínez Rufete)

Víctimas de la Guerra en Almoradí

En la información que voy a aportar sobre las víctimas de la guerra civil no incluyo los muertos en los frentes de guerra. En Almoradí fueron 12 las personas asesinadas durante la contienda en nuestra zona de retaguardia, de ellas, seis fueron víctimas de “paseos” (5 en los Saladares de Elche y 1 en nuestro pueblo). Cinco más fueron fusilados en El Cabañal (Valencia) y uno fusilado en Madrid. Las tres primeras personas “paseadas” en nuestra provincia fueron precisamente vecinos de nuestro pueblo, y ocurrió el 1 de agosto de 1936. Precisamente cinco días después, el jueves seis, fueron incendiadas las imágenes de la Iglesia y de las tres Ermitas (ampliaré la información en un próximo artículo).

Todas las muertes sucedieron entre agosto y diciembre de ese primer año. También en nuestro término municipal, cerca del cementerio, se “acribilló a balazos” a un vecino de Jacarilla el 6 de octubre de 1936.
Sin duda, y sin entrar a valorarlo, el inicio de los primeros muertos en los frentes de guerra, unido a las noticias en ocasiones exageradas por la propaganda republicana, fueron el desencadenante de la venganza por parte de la retaguardia. Sin embargo, en la posguerra se igualó el número de víctimas, pudiéndose considerar también un acto de venganza, ya que fueron 12 los vecinos fusilados, entre ellos una mujer, desde el final de la guerra. La última víctima fusilada de Almoradí ocurrió el 11 de junio de 1943.


(A pesar de estar publicados los nombres y fechas de todas las víctimas de la guerra y posguerra en Almoradí, he decidido no incluirlos en ésta entrada)
Fuentes: La Guerra acaba en Alicante (especial diario Información)
La represión de guerra y posguerra en Alicante (Tesis doctoral de Miguel Ors Montenegro)


"Los niños de la URSS"

A partir de marzo de 1937 muchos niños de la España Republicana fueron embarcados en barcos rusos y enviados a la Unión Soviética. Aunque en realidad otros países, especialmente Francia, acogieron un mayor número de niños, la prensa celebraba la gran oportunidad que se les brindaba de vivir en la “Gran Patria del Socialismo”, donde serian perfectamente alimentados y recibirían un alto nivel de educación.
En total fueron cuatro las expediciones infantiles a la Unión Soviética, con un total de 2895 niños, y están bastante bien documentadas. La primera de ellas salió desde Valencia el 21 de Marzo en un barco español desde la misma capital valenciana, llamado Cabo de Palos.
En él viajaban 72 niños, de ellos 50 enviados desde Madrid al levante por sus asustados padres, y los 22 restantes eran de Novelda, Oliva, Málaga y nuestro pueblo, ALMORADI.
El vapor zarpó rumbo a Yalta, ciudad Ucraniana a orillas del Mar Negro, donde recibieron una calurosa acogida. La expedición (que fue organizada por el propio Director General de Primera Enseñanza) llegó el domingo 28 de marzo de 1937, aunque antes habían tocado tierra en Constantinopla. De Yalta se trasladaron a un balneario en el cercano pueblo de Artek (antiguo lugar de veraneo de los rusos acomodados).

Fotografía de Francisco Mansilla
La foto muestra a un grupo de niños de ésta primera expedición, acompañados del personal adulto que se ocupaba de ellos, sentados en la escalinata de entrada al edificio donde se alojaban, en Artek. Llevaban como distintivo un pañuelo rojo anudado al cuello y un gorrito al que llamaban ispanka. Después de unas semanas de descanso, se les trasladó a Moscú donde inauguraron la primera Casa de Niños. En total se crearon 16 casas de acogida. La invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941, alteró la vida de estas Casas situadas en el eje de penetración del ejército alemán, obligando a sus moradores a una evacuación forzada a regiones del interior, situadas a miles de kilómetros de las zonas donde se encontraban. Fueron años de penurias, de un hambre y frío atroces y de sufrimientos para la población rusa y los niños españoles en particular.
Terminada la guerra en 1945, niños y jóvenes fueron trasladados de nuevo a Moscú donde reanudaron sus estudios o se incorporaron a la vida laboral. En ningún momento se planteó la repatriación de estos niños a España. Tanto el gobierno ruso como los dirigentes del Partido Comunista Español que residían en Moscú, se mostraron contrarios a ella. Estos últimos pensaban que los muchachos debían constituir los futuros cuadros medios del Partido en una «España revolucionaria», de ahí el interés que pusieron en que los jóvenes preservaran su lengua y las costumbres españolas, a pesar de su necesaria integración en la sociedad soviética.
No se les permitió salir del país ni siquiera para reunirse con sus padres en otros países. Sólo en 1946 un pequeño grupo pudo marchar a México donde estaban sus familias. Las repatriaciones oficiales promovidas por los gobiernos español y soviético, tuvieron lugar en 1956 y 1957.
Algunos de los que volvieron entonces, regresaron de nuevo a la Unión Soviética, porque no se adaptaron a la vida en España. Desde los años sesenta han vuelto a sus lugares de origen de forma individual. El retorno tras la jubilación ha planteado numerosos problemas en cuanto a la vivienda y a los necesarios medios económicos para vivir, dada la pequeña cuantía de las pensiones.
He conseguido parte del listado de los que embarcaron en las cuatro expediciones, pero no pone su lugar de nacimiento, por lo que no he podido averiguar quienes de ellos eran de Almoradí.
Fuentes:
Los niños españoles evacuados a la URSS (1937) Enrique Zafra, Rosalía Crego y Carmen Heredia.
El «instante congelado» del exilio de los niños de la guerra civil española (Alicia Alted Vigil).

"Recetas de Alcachofas"

Este es el folleto que se editó con motivo de la "2ª Semana de la Alcachofa". Es un completo recetario con las múltiples maneras de preparar nuestras alcachofas. Un documento para nostálgicos.

Almoradí, Emporio.



Almoradí es, sin duda, el pueblo más huertano de la huerta. Pudiera decirse que está en el cogollo de ella, o que es el cogollo mismo. Es cómo un islote blanco rodeado de verde por todas partes. También, como Benéjuzar, su trazado es moderno, perfectamente rectangular y geométricamente perfecto, aunque su estirpe, y, por tanto, su nombre sean antiguos. Como que ambos corrieron la misma catastrófica suerte, apenas hace poco más de un siglo. Pero, en Almoradí, la huerta abraza apretadamente al pueblo, oponiéndose a su expansión, que, si la hace, a causa de su amplio crecimiento, es en dura lucha y forcejeo con ella. La huerta no se resigna a ser vencida por la ciudad, y, si bien cede trozos de sus dominios, es a cambio de meterse en su interior, invadiendo calles y plazas con su mismo lujuriante verdor.
La posición ventajosa, que ocupa, le da jerarquía entre los restantes pueblos de la huerta baja. Y su fisonomía, netamente huertana, corresponde a sus orígenes, a su carácter y a su proyección como emporio indiscutible de toda la región. Es, de todos, el pueblo que más se identifica con su razón de ser; el más compenetrado con los problemas huertanos, y el más firme y seguro en su destino. Por ello ese rango, bien ganado, de capitalidad.
Goza fama, entre los demás, de pueblo rico, bastante rico. Hay quien le llama “el pueblo de los millonarios”: de los millonarios que no lo parecen, porque, a pesar de serlo, siguen trabajando, con el mismo coraje y la misma modestia que si no lo fueran. La verdad de los pueblos, como la verdad de los hombres, está en no ser traidores a su estirpe. Y, su éxito, en saber administrar su potencial espiritual, sin torcer su destino histórico. Por eso, el auge económico de que disfruta no ha de entenderse como triunfo de lo material, por esa especial dedicación de sus habitantes para esta vertiente del vivir; sino como misión que cumplir, tan espiritual, tan noble y tan bella, como cualesquiera otros programas de la más ilustre colectividad. Esta manera suya de ser está bien confirmada si analizamos su modo de sentir. Antes de conocer yo la vida de este hermoso pueblo, no pensaba como ahora pienso de él. Es muy otro en su intimidad, cuando prescinde de sus afanes materiales y negocios. Sabe dar a Dios lo que es de Dios y a los bienes terrenales lo que les corresponde, poniendo al servicio de sus profundas creencias lo más puro de sus intenciones. Su Cristo de las Campanas es su mayor amor: el amor de sus amores. A él van dedicados sus más hondos y sinceros pensamientos y en él confía para todas sus empresas. Ante este símbolo divino que tiene por Patrón, se prosterna toda su opulencia y se rinde, en una entrega total y absoluta de su ser.

Extraído de “Teoría de la Huerta y otros ensayos” de Antonio Sequeros.
Publicado el 13 de junio de 1956 en los talleres de Imprenta Alonso de Almoradí.
(Gracias a Joaquín Pérez)

Inauguración del Canales y Martínez


En terrenos de la finca de don José García Martínez (Pepín), que donó dos tahullas, se empezó, en 1931, a tramitar la construcción de un Grupo Escolar, actual Canales y Martínez. Estaba previsto en el proyecto inicial que contase con ocho unidades, biblioteca, museo, cantina, comedor, sala médica, piscina y casa para el conserje. Se inició su construcción, pero al parecer, por problemas con el contratista, se retrasó su inauguración. Se acabó en 1938, y se utilizó como Cuartel, Auxilio Social y otras ocupaciones antes de poder ser destinado a su uso original.
En 1969 llegó a amenazar ruina, por lo que tuvo que clausurarse, y en su lugar se construyó el que ahora conocemos. Las fotografías corresponden a la inauguración que se llevó a cabo en septiembre de 1977 del nuevo centro escolar con 29 unidades.
26 julio de 1978 

Cuatro esquinas







"Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan..." Así empieza la oración que nunca conseguí aprender.
La primera (San Francisco con Purísima) porque me gusta, y mucho, la segunda (Miguel Hernández con Avda de Algorfa) porque me resulta curiosa. La tercera (Los chopos con Los Embudos, frente al actual Cuartel de la Guardia Civil) porque ya no existe, y la última (Amparo Quiles con Virgen del Rosario) porque no me gusta, pero nada.
Lástima de cables en alguna de ellas, podría intentar quitarlos con photoshop, pero entonces no serían las esquinas que yo vi.