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El LUTE en Almoradí...


Entre los numerosos recuerdos de mi infancia está el de un verano muy especial:1972.
Hacía unos meses que “El Lute” se había fugado del Puerto de Santamaría; en realidad, aquella huida le duró casi tres años, y su leyenda de terrible y despiadado delincuente fue creciendo a la vez que nuestra imaginación.

Por entonces hacía un par de años que el “Canales y Martínez” se había cerrado y se corrió la voz de que estaba escondido en sus sótanos. 
Las portadas de los periódicos de aquél verano avisaban de que se le seguía buscando junto a sus hermanos, el “Lolo” y el “Toto”, y de que eran muy peligrosos. 

Los mayores nos “metían” el miedo en el cuerpo contándonos que lo habían visto salir y entrar en varias ocasiones del colegio y que no se nos ocurriese acercarnos. La aventura parecía hecha a medida para unos niños de diez años, deseosos de demostrar que no teníamos miedo a nada, y mucho menos al “Lute”; aunque al llegar a casa tuviésemos miedo de acostarnos.
Las tardes las pasábamos armados con piedras metiéndonos por el agujero de una especie de depósito subterráneo que había en el colegio y allí esperábamos sorprenderle. 

A finales de verano, cuando las tardes ya empezaban a acortar, la sorpresa fue para mí, cuando, armado de la correspondiente piedra, volví a meterme por aquel agujero y alguien, seguramente “El Lute”, me cogió por las piernas. 
Empecé a gritar con tanta fuerza, que mis compañeros de aventuras se asustaron más que yo, lo que hizo que emprendieran su huida y me dejaran allí sólo, pero mis gritos no evitaron que aquellos brazos me arrastraran hasta el fondo y que el miedo me paralizara mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad. 

Lentamente, primero una sombra, después una figura y por fin, un rostro, una cara anciana que en nada se parecía al delincuente que iba a acabar con mi vida. Sólo era un pobre vagabundo que se había resguardado a pasar la noche y que acabó ayudándome a salir, con la promesa de que no volviese a meterme para evitar que me hiciese daño.

A muchos metros se ocultaban mis compañeros que, al verme salir sano y salvo, se acercaron a preguntarme cómo era “El Lute” y porqué me había dejado salir. 
Bueno, uno no tiene muchas oportunidades como éstas para ser un héroe, así que metí la “trola” más grande que pueda uno imaginarse y quedé como un valiente. 
-Me dejó vivir a cambio de no decir nada y nunca más volver a aquél agujero- les conté, cosa que lógicamente cumplimos al pie de la letra, por lo menos en lo que respecta a la segunda condición. 

El resto del verano lo pasamos inventando historias del “Lute” y contándoselas a todo el mundo. Muchos fueron a buscarlo al “Canales” armados con piedras, pero sin duda ya había huido, quien sabe donde, hasta que algunos meses más tarde coincidió que fue detenido en Sevilla (de donde nunca salió) junto a su hermano “Lolo”. 
Lo recuerdo como hoy, volvía a ser el inicio del siguiente verano y la noticia era portada de periódicos y “Telediarios”. 
En cierto modo, yo era responsable de su detención ya que lo había hecho salir de aquél agujero. 


El nuevo y largo verano que comenzaba volvió a ser emocionante, como todos, como había sido el anterior, y además, con “El Lute” detenido, nos daba la tranquilidad de poder volver a su escondite y buscar restos de su fugaz estancia. Una botella vacía de vino fue lo único que encontramos, pero era suficiente prueba de que había estado allí, ¿Qué otra cosa podía beber un delincuente? 
Volvieron las clases de repaso, las siestas, y las aventuras de una niñez como la de vosotros, ni peor, ni seguramente mejor....

Este relato forma parte de "Un largo Verano", cuya primera parte publiqué AQUÍ
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1 comentario :

  1. Anónimo10:39 a. m.

    Juani Carrillo:
    Sisi es verdad yo vivía en el penal y nos metían miedo con el. Q infelices!!!!

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